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El Periódico
23 de octubre de 1997 |
<Casi todo lo que aquí
cuenta María José Furió ocurre entre Valencia y
Barcelona, y en una breve estancia en París. También ocurre
en el cuerpo de una joven que crece, descubre la mentira --la de su
madre que ha ido a ver a alguien y dice que no estaba--, el primer beso
en la mejilla, ese que deja suspenso el tiempo, la amistad, etc. Esta
es la historia de una muchacha que se parece a Lolita, que desata el
deseo --y alguna que otra eyaculación precoz-- en un viejo Dyan
6 con sólo catorce años. Hermoso libro de atmósferas
femeninas, de lenguaje delicado, de secretos que van pasando al diario
de la joven como secuencias adolescentes que avanzan con pura poesía
y con delectación.
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La Vanguardia,
29 de junio de 1997 |
<María José
Furió debuta como novelista>. La obra "La mentira"
(Mondadori) supone el debut de María José Furió
en el mundo de la narrativa. Son relatos adolescentes que configuran
una historia circular, en torno a la dictadura, tal como la vivieron
en el año 1975 los miembros de su generación. Furió
(Valencia, 1962) --que prepara su Doctorado en Literatura Comparada
y compagina sus colaboraciones con La Vanguardia con su afición
a la fotografía--, refleja en "La mentira" la búsqueda
del padre, la necesidad de vivir con la mentira, las salidas a la desesperada,
elementos que forman parte de un ambiente que la autora ha vivido. -Redacción.
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La Vanguardia, 19 de septiembre
de 1997
Una infancia de los 60. Miguel
Dalmau |
Hay que recibir con agrado la
aparición de "La mentira", primera novela de María
José Furió (Valencia, 1962), barcelonesa adoptiva y licenciada
en Filología Hispánica. No es frecuente su opción
estética, basada principalmente en evocar los días de
la infancia y primera juventud, cuando tales territorios eran reinos
delimitados, propios, sin las invasiones y mixturas de nuestro presente.
A grandes rasgos, la novela narra la historai de una niña de
especial sensibilidad, que va creciendo en una familia formada por su
hermana gemela, Ana, y por los padres: <el Viejo>, en realidad
su padrastro, hombre despótico que se dedica a empapelar paredes,
y la madre, una antigua asistenta valenciana que malvive en su compañía.
El primer acierto de Furió
es recobrar la figura del paria español de los sesenta, emigrante
en Europa o pluriempleado aquí, que había desaparecido
de nuestro santoral y sólo nos llegaba últimamente, como
rabiosa novedad, desde la narrativa yanqui de origen hispano. Junto
a este desherado carpetovetónico, muy bien retratado por la autora,
está la mujer, la madre, una valencia atractiva e inquieta, que
marchó a Francia en busca de trabajo y una verdadera oportunidad
vital.
De la voz de una de sus hijas
conocemos el pasado levantino de ella, su marcha a Francia con las dos
niñas, fruto de una unión apasionada y fugaz, el ambiente
de los trabajadores españoles en París y, luego de su
retorno, la infeliz vida de un pueblo cercano a Barcelona. La acción,
sin embargo, no avanza de forma lineal, sino más bien en círculo,
formando recuerdos que se abren y cierran sobre sí mismos como
el rastro de una piedra al caer en el agua.
La narradora recompone así
el pasado, los miedos e ilusiones imposibles de una niña cuyo
verdadero padre es una incógnita. Pese a que "La mentira",
por su opción estructural, no explota totalmente el crescendo,
la intensidad y viveza de sus pasajes suplen la relativa falta de progresión
dramática. Quizá haya que buscarla en los pliegues mismos
de la prosa, los sutiles matices de esa narradora que empieza siendo
una niña y acaba conociendo verdades adultas cuya crudeza le
impulsa a escribir. María José Furió, además,
describe el proceso con hondura, elegancia, precisión, y sortea
holgadamente el difícil reto de contar una triple transformación:
la individual, la familiar, y la de esos escenarios cambiantes, especialmente
Sant Cugat, que ya nunca serán los mismos. Con "La mentira",
pues, se presenta una autora de muy buenas maneras expresivas, y de
un singular mundo propio que guarda para el lector secretos nuevos y
más felices.
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Avui.
14 de julio de 1997.
María José Furió entra dins del mercat literari amb
"La mentira". E. C. Barcelona |
L'Editorial Grijalbo Mondadori
afirma que ha agafat el compromís de publicar més autors
en llengua castellana, de moment tanca temporada amb la primera novel.la
de María José Furió, La mentira, un text
en què l'autora narra les experiències d'infància
i joventut d'una noia que creix en una família problemàtica.
<Explico la història de la generació dels nostres pares>,
diu Furió. L'escriptora es confessa especialment interessada
per <la memòria heretada de les persones que no tenen un llenguatge
propi>. El títol del llibre deixa veure la idea que l'autora
recull a l'obra: "La mentida i la ficció estan molt emparentades.
Quan expliquem alguna cosa autobiogràfica, no importa si és
realment cert o no, el que importa és la literatura>. La mentira
mostra les vivències d'una època, la franquista, i ho
fa a travès de paissatges -València, Barcelona i París--
i mitjançant una adolescent. <He fet servir la figura de l'adolescent
perquè aquest no sap l'abast de les paraules d'allò que
explica> diu Furió.
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Papel Literario
- Diario de Málaga-Costa del Sol- 27 de julio de 1997 |
Los colores de la adolescencia
impregnan las páginas de este libro emocionante de matices inolvidables.
Son los colores de esos años que siguen a la infancia, los que
uno dedica a "olvidar a conciencia, con prisa por construir el
presente y un futuro habitable", a romper con todo lo anterior
vivido, "como sea".
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ABC 26
de junio de 1997
María José
Furió traslada al lector a la infancia en <La mentira>, su
primera novela. Barcelona. Sergi Doria |
Si convenimos en que la memoria pervive en imágenes atomizadas
como flashes y que la grandeza de toda ficción es su relación
con las mentiras estaremos en el buen camino para conectar con <La
mentira>, primera novela de María José Furió (Valencia,
1962) que acaba de presentar Mondadori como una firme apuesta por los
jóvenes autores españoles.
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María José Furió
traslada al lector al fértil territorio de la infancia, esa casa
común en la que se alumbran ilusiones y frustraciones y que constituye
la tierra <aparentemente> baldía sobre la que se siembra
la vida adulta. En su prospección narrativa, aborda <la historia
de la generación de nuestros padres> provista de un lenguaje
del que sus personajes no pudieron disponer. Preocupada por <dar
sentido a las vivencias a través del lenguaje>, Furió
evoca un puñado de momentos en los que <la sordidez aparece
equilibrada con las esperanzas que nutren la adolescencia>.
Construida con imágenes, <La mentira> reúne secuencias
protagonizadas por <dos niñas junto a un camino, aun ex boxeador
en una feria, el último verano sin fecha, el silencio dramático
de una mujer que se mira en el espejo de las sensuales estrellas de
los cincuenta que habitan en una Costa Azul que ella conoció
a los 25 años>. Como afirma Furió, cada imagen <es
un recuerdo, tiene la dimensión plana y al mismo tiempo la misma
capacidad de suscitar emoción que una fotografía que recuperamos
inesperadamente>. La autora ha observado los vaivenes de una familia
desestructurada y los ha traducido en un estilo fragmentario y secuencias
para expresar vivencias dolientes <sin caer en la autocompasión
y las letanías>.
<La mentira> se sitúa en los años del franquismo,
una época que la escritora valenciana presenta marcada por la
sordidez. María José Furió subraya que más
que la semblanza biográfica, <le interesa la memoria heredada>.
Para enfrentarse a la escritura de esta primera novela, ha contado
con modelos y antimodelos. Entre los primeros destaca a Cesare Pavese,
del que reconoce <un laconismo que permite expresarse con una violencia
rápida>; de Proust ha aprendido <el valor de la memoria>,
sin olvidar la maestría de Flaubert o la capacidad descriptiva
del Camus de El primer hombre. Como antimodelo señala
la biografía de Thomas Bernhard, que considera alejada de su
afán por soslayar lo autocompasivo.
Furió deja atrás lo ue contempla como <un recuerdo
difuso de los que nos habíamos visto obligados a ser testigos
de ilusiones, fantasías y mentiras que sustentaron una época
de crueldad gratuita>.
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ABC-Literario
19 de septiembre de 1997. Care Santos |
La infancia es un terreno idóneo
para la literatura: terreno de ilusión, de ensueño, de
aprendizaje y de evocación. En la literatura escrita por mujeres
--y también en la llamada <literatura femenina>, que no
necesariamente debe coincidir con la anterior-- la infancia cobra una
importancia casi fundamental. <Primera memoria>, de Ana María
Matute, <Julia>, de Ana María Moix o las más reciente
<Un calor tan cercano>, de Maruja Torres, me parecen obras que
perfectamente pueden emparentarse con <La mentira>, primera novela
de María José Furió (Valencia, 1962). No sólo
por ser el eje vertebrados de todas la infancia y los acontecimientos
que en ella tienen lugar, sino también por otros comunes denominadores:
el protagonismo de las mujeres, que suele ir acompañado del estigma
de la desgracia que cae sobre ellas como algo inefable; el segundo plano
que se reserva a los hombres y que sólo lo es en apariencia porque
serán ellos los que acaben, indirectamente, condicionando a las
féminas. Matía --la protagonista de la novela con la que
Matute ganó el Nadal en 1959--, Julia o Manuela podrían
ser almas gemelas de la protagonista y narradora de Furió --otra
coincidencia: el uso de la primera persona narrativa, en el que algunos
ven un rasgo de feminidad literaria-- y los escenarios por los que se
mueven todas --Barcelona, Sant Cugat, Valencia, Mallorca- podrían
ser a la perfección uno solo.
Sí, seguramente esta
novela pertenezca a eso que algunos llaman <literatura femenina>
y que, como bien ha apuntado Ricardo Senabre, obedece más bien
al punto de vista que el narrador adopta dentro de la novela que a una
demasiado elemental clasificación en razón del sexo del
autor. Hay un punto de vista decididamente <femenino> en la obra,
y los problemas que se abordan son también típicos de
mujeres: la protagonista y narrdora recorre algunas de las anécdotas
que la han marcado desde que era una niña en un intento de reconstruir
una existencia en relación a la de su madre y con una preocupación:
saber quién fue su padre. Esta búsqueda de la identidade
realiza, en un principio, a partir de imágenes difusas de la
infancia y la primera adolescencia, de manera que del lienzo se perciben
sólo brochazos casi indescifrables. Pero a medida que aanza en
la narración, ésta se vuelve también más
hilvanada, más detallista, de modo que la historia se reconstruye
cada vez con mayor facilidad. Al final, la búsqueda no lleva
a ninguna parte: la madre, que ha mentido a sus hijas respecto a la
identidad de su progenitor mientras iban sucediéndose sus amantes,
sólo ofrece al enigma la solución de la duda.
Es importante la ambigüedad
en esta novela, como lo fue en la de Matute, Moix y Torres, y es esa
ambigüedad la que da a la historia una fuerza sorprendente, que
Furió se ha preocupado de remarcar a medida que se adentraba
en la acción. La violencia, el sexo y el desengaño marcan,
en este descenso a las profundidades del alma femenina, la intensa lectura
de esta ópera prima, reforzada por un estilo conciso, preocupado
por ser verosímil, pero profundamente literario. Al fin, su lectura
acaba siendo una búsqueda personal, y su desenlace, tan anodino
y tremendo como los de la vida misma.
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| El País.
30 de agosto de 1997 -Soñar que otros se arrepienten - María
José Obiol |
Una niña crece y con
ella se esponjan los recuerdos. La niña va ofreciendo instantáneas
de su infancia: está un Dios que habita en todas partes, incluso
en una punta de lengua áspera porque alguien se lleva a la boca
un puñado de arena. También está el paisaje que
se contempla desde la ventanilla trasera de un coche, y el aroma que
se intuye, que golpea la memoria, tiene que ver con el olor a cola de
una pard recién empapelada.
En esa memoria de niña
hay miedo y desconcierto y vergüenza porque hay un hombre, al que
ella y su hermana llaman Viejo, que es su padrastro y que espera la
tarde para violentarla con el maleficio de la caricia. Ella sabe que
esas tardes teñirán de ansiedad su recuerdo. La niña
que crece es la protagonista de La mentira, y tiene cuatro, seis, diez,
once años, y a los doce ya dice que "el dolor era el rastro
de una herida que yo buscaba en mi piel, no en mi memoria". La
mentira es la primera novela de María José Furió
y ha pensado y ha creado un personaje que es una niña que crece
y cuenta. Y cuanto más crece, más se amplía la
expresión de su presencia. Cuanto más se acerca al presente
más extenso, pero también más ligero y propio,
se hace el recuerdo de ese personaje que cuenta. Primero era una niña
que relataba un instante, después era un poco mayor y era un
día que era martes y se esperaba lluvia y estaba dentro del decorado
de una excursión y había un juego y un beso. Y también
estaba el miedo que podía venir y evocarse pensando en que una
vez vio a su hermana con la mirada detenida en un helado que se derretía.
Secuencias, jirones de remembranza hasta que el tiempo crece y la niña
con él. Y el recuerdo ya es una historia que hace suya el personaje.
Recordar no es sólo pensar cómo imaginamos que fue, porque
La mentira es el título de la novela, pero aquí también
señala que un engaño puede ser la verdad de otro instalada
oficialmente en nuestra infancia.
El texto es un apunte intimista
que va creciendo como novela al mismo tiempo que la niña se desvanece
y una mujer se asoma en cada esquina del recuerdo. La mentira no desaparece,
pero ya tiene nombre y es entonces cuando las sombras se diluyen, y
el contorno del pensamiento se dibuja con precisión porque la
mujer tiene, además del recuerdo, su presente. Y si la letra
desde la que habla ya no le duele tanto es porque el recuerdo se convierte
en patrimonio antes que en única existencia. Y así, poco
a poco, con instantáneas, imágenes, olores y ese miedo
al viejo instalado con fuerza en el pasado, María José
Furió cuenta, y cuenta bien, que volver a soñar la infancia
a veces no es más que el deseo de que los otros se arrepienten.
Como si de este modo, y desde el presente, se pudiera suavizar el desconcierto
que pueden provocar las imágenes superpuestas encalladas, de
la niñez. Una bonita novela.
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Purdue University
Conference on Romance Languages, Literatures & Film
Stewat Center,
Purdue University West Lafayette, Indiana October 15-17, 1998
The Narrative
of Esther Tusquets and María José Furió
Chair: Patricie Hart, Purdue University
Renée Craig-Odders, University of Wisconsin-Stevens
Point
Intertextuality in Ester Tusquets's: Con la miel en los labios
Esther Raventós-Pons, Brock University
La voz femenina: La niña lunática de
Esther Tusquets y el pintor/escritor Oskar Kokoschka
Ana Pineda, University of Miami
El engaño de la memoria en
La mentira, de María José Furió
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