Nada
¡Viva
Nada! Nadie se entiende ya; ¡hemos llegado al instante perfecto!
Luz
en el centro. Se ven recortados sobre el fondo, cabañas,
alambradas de espino, atalayas y algunos otros monumentos
hostiles. Entra Diego vestido de máscara, con aire de
acosado. Contempla los monumentos, el pueblo y la Peste.
Diego,
dirigiéndose al coro.
¿Dónde
está España? ¿Dónde está Cádiz?
Esta decoración no es de país alguno. Estamos en otro
mundo, en el que el hombre no puede vivir. ¿Por qué estáis
mudos?
La Peste
¡Silencio!
Yo soy quien pone agrio el vino y seca los frutos. Yo mato los sarmientos
si quieren dar uvas y los reverdezco si deben alimentar el fuego. Tengo
horror de vuestras sencillas alegrías. Tengo horror de este país,
en el que se pretende ser libre sin ser rico. Tengo las prisiones, los
verdugos, la fuerza, la sangre. La ciudad será arrasada y sobre
sus escombros la historia agonizará al fin en el hermoso silencio
de las sociedades perfectas. Silencio, pues, o lo aplasto todo.
(En un intento de ofrecer una conclusión alegórica, Camus
habla de que es posible reescribir la historia introduciendo un mensaje
esperanzador, centrado en el hombre y en su capacidad constitutiva de
optar por el bien. Para transmitir sus ideas, algunas veces Albert Camus
prefiere sustituir el realismo por la ambigüedad. El mensaje nihilista
del personaje NADA es testimonial de un mensaje dominante que expresa
la derrota de los ideales. La lucidez del nihilismo es, según
Camus, un engaño...)
Nada
¡Aquí
están! Llegan los ancianos, los de delante, los de siempre, los
petrificados, los que tranquilizan, los confortables, los sin salida,
los relamidos; en fin, la tradición, sentada, próspera,
recién afeitada. El alivio es general, se podrá volver
a empezar. Desde cero, naturalmente. Aquí están los sastrecillos
de la nada, vais a vestiros a medida. Pero no os inquietéis,
su método es el mejor. En lugar de cerrar las bocas de los que
gritan su desgracia, cierran sus propias orejas. Estábamos mudos,
vamos a quedar sordos. (Marcha militar.) Atención, porque los
que escriben la historia vuelven. Se van a ocupar de los héroes.
Los van a meter en la cárcel. Bajo la losa. No os quejéis;
por encima de la losa, la sociedad está demasiado confundida.
(Al fondo, representación de ceremonias oficiales.) Mirad, ¿qué
creéis que hacen? Se condecoran. Los banquetes del odio están
siempre abiertos, la tierra agotada se cubre de la madera muerta de
las horcas, la sangre de los que llamáis justos ilumina aún
los muros del mundo. Y ellos, ¿qué hacen? Ellos se condecoran.
Alegraos, vais a tener vuestros discursos de concesión de premios.
(...) los gobiernos pasan, la policía permanece. Hay, pues, una
justicia.
EL CORO
No,
no hay justicia, pero hay límites. Y los que pretenden no reglamentar
nada, como esos que trataban de dar una regla para todo, rebasan por
igual los límites. ¡Abrid las puertas, que el viento y
la sal vienen a limpiar esta ciudad!
Albert
Camus - El estado de sitio - Alianza Editorial