RUINAS

DOCTORADO DE LITERATURA COMPARADA © María José Furió
LITERATURA Y POLÍTICA (1997-1998)

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final

<<Shade se detuvo en la primera casa despanzurrada. Había parado la lluvia, pero se la sentía próxima. Mujeres de chal negro formaban cadena detrás de los milicianos del servicio de auxilio, que sacaban de los escombros una bocina de fonógrafo, un paquete, un cofre pequeño...
>>En el tercer piso de la casa, en un corte como un decorado, colgaba una cama, supendida por un pie de un techo reventado, habían vaciado este cuarto en el arroyo, casi a los pies de Shade, con sus retratos, sus juguetes, sus cacerolas. La planta baja, aunque despanzurrada, estaba intacta, tranquila como la vida, y sus moradores agonizantes habían sido llevados por una ambulancia. En el primer piso, encima de una cama cubierta de sangre, sonó un despertador, y su llamada se perdió en la desolación de una mañana gris.
>>Los hombres del servicio de auxilio se pasaban los objetos de mano en mano; el último miliciano pasó a la primera mujer un paquete. La mujer no lo tomó por el medio, con las manos, como se lo tendían, sino entre los brazos: la cabeza cayó hacia atrás porque el niño estaba muerto. La mujer miró hacia la cadena de mujeres, buscó y se echó a llorar: quizá había visto a la madre. Shade se fue. Mezclado con la niebla húmeda de la mañana, el olor a fuego llenaba la ciudad, un olor feliz a madera quemada en los bosques de otoño.>

L’espoir, pág. 408.- André Malraux - Editorial Cátedra.

 


<<Camino del hotel, me quedé horrorizada al comprobar que casi toda una manzana había quedado completamente derruida desde la última vez que pasé por allí, hace una semana. Me detuve frente a lo que fue una hermosa casa del siglo XXI, transformada en edificio de pisos, y le pregunté cuándo la habían destruido a una mujer que estaba de pie junto al portal derruido. Ella me dijo que la noche anterior habían muerto veintisiete personas y otras nueve habían quedado heridas. Le pregunté si podía entrar. Se encogió de hombros y dijo que no tenía nada que ver con la casa, ella era de otro barrio.
>>Subí con cuidado las escaleras derruidas o eso creí, pero un escalón se hundió bajo mi pie cuando estaba a punto de llegar al primer piso y tuve que dar un salto para alcanzar el rellano. Encontré una puerta abierta directamente frente a mí. El suelo parecía seguro, pero la agradable habitación central era un amasijo de muebles derribados y el material chamuscado desprendía un ácido olor a frutas. Llamé pero nadie me contestó. Había visto, por fuera, muchas casas bombardeadas, pero era la primera vez que entraba en una de ellas y me quedé allí de pie pensando que los objetos desperdigados componían su propio diseño formal: un sombrero de mujer yacía junto a tres daguerrotipos en un triple marco; una baldosa azul intacta permanecía al borde de una mesa; la funda de un sofá estaba quemada y húmeda; una fuente de ensalada mustia descansaba sobre una silla. Sobre el sofá quemado había dos botellitas de porcelana, con rosas pintadas en uno de los lados; un libro, impreso en francés, La Vie de Mireille, yacía abierto en el suelo y encima de él había un colador de cocina volcado con algunos granos de arroz cocido en el fondo; la falda de un vestido estampado reposba sobre una tabla de planchar caída; a su lado había un mantel blanco y una llave grande. Mis pies estaban rodeados de retratos de gentes vestidas con ropas de otros tiempos, de otros lugares. Cogí la botellitas de porcelana con las rosas pintadas y un daguerrotipo de una muchacha y empecé a bajar las escaleras, saltando por encima del peldaño estropeado para aterrizar sobre el que creía en buen estado. Me hundí con gran estrépito. El ruido fue muy fuerte y un hombre entró en el zaguán seguido de dos niños. Se me quedaron mirando mientras yo intentaba incorporarme entre las maderas rotas. Las botellas no habían sufrido daño, aunque la boca de una de ellas se había desconchado un tanto.
>>-¿Qué ha sido de la gente que vivía en el primer piso? -Le dije al hombre. Él hizo un gesto negativo con la cabeza.
>>Le mostré las botellas.
>>-Me gustaría poder llevarme algo a los Estados Unidos...
>>Pero el hombre se alejó. Entonces les dije a los niños:
>>- ¿Dónde está la gente que vivía en el primer piso?
>>-Dos señoras. Han muerto -dijo el más pequeño.
>>-¿En el bombardeo?
>>-No me acuerdo.
>>}1968 - Mientras transcribo estas notas del diario de ese día pasado en España, me acerco a la repisa de la chimenea y contemplo las botellitas de porcelana y el retrato de la muchacha. Las he llevado conmigo a muchas casas durante muchos años.}>> págs. 117-118.
Lillian Hellman - Mujer inacabada - Editorial Argos Vergara.

 



Nada

¡Viva Nada! Nadie se entiende ya; ¡hemos llegado al instante perfecto!

Luz en el centro. Se ven recortados sobre el fondo, cabañas,
alambradas de espino, atalayas y algunos otros monumentos
hostiles. Entra Diego vestido de máscara, con aire de
acosado. Contempla los monumentos, el pueblo y la Peste.

 

Diego, dirigiéndose al coro.

¿Dónde está España? ¿Dónde está Cádiz? Esta decoración no es de país alguno. Estamos en otro mundo, en el que el hombre no puede vivir. ¿Por qué estáis mudos?


La Peste

¡Silencio! Yo soy quien pone agrio el vino y seca los frutos. Yo mato los sarmientos si quieren dar uvas y los reverdezco si deben alimentar el fuego. Tengo horror de vuestras sencillas alegrías. Tengo horror de este país, en el que se pretende ser libre sin ser rico. Tengo las prisiones, los verdugos, la fuerza, la sangre. La ciudad será arrasada y sobre sus escombros la historia agonizará al fin en el hermoso silencio de las sociedades perfectas. Silencio, pues, o lo aplasto todo.


(En un intento de ofrecer una conclusión alegórica, Camus habla de que es posible reescribir la historia introduciendo un mensaje esperanzador, centrado en el hombre y en su capacidad constitutiva de optar por el bien. Para transmitir sus ideas, algunas veces Albert Camus prefiere sustituir el realismo por la ambigüedad. El mensaje nihilista del personaje NADA es testimonial de un mensaje dominante que expresa la derrota de los ideales. La lucidez del nihilismo es, según Camus, un engaño...)


Nada

¡Aquí están! Llegan los ancianos, los de delante, los de siempre, los petrificados, los que tranquilizan, los confortables, los sin salida, los relamidos; en fin, la tradición, sentada, próspera, recién afeitada. El alivio es general, se podrá volver a empezar. Desde cero, naturalmente. Aquí están los sastrecillos de la nada, vais a vestiros a medida. Pero no os inquietéis, su método es el mejor. En lugar de cerrar las bocas de los que gritan su desgracia, cierran sus propias orejas. Estábamos mudos, vamos a quedar sordos. (Marcha militar.) Atención, porque los que escriben la historia vuelven. Se van a ocupar de los héroes. Los van a meter en la cárcel. Bajo la losa. No os quejéis; por encima de la losa, la sociedad está demasiado confundida. (Al fondo, representación de ceremonias oficiales.) Mirad, ¿qué creéis que hacen? Se condecoran. Los banquetes del odio están siempre abiertos, la tierra agotada se cubre de la madera muerta de las horcas, la sangre de los que llamáis justos ilumina aún los muros del mundo. Y ellos, ¿qué hacen? Ellos se condecoran. Alegraos, vais a tener vuestros discursos de concesión de premios. (...) los gobiernos pasan, la policía permanece. Hay, pues, una justicia.


EL CORO

No, no hay justicia, pero hay límites. Y los que pretenden no reglamentar nada, como esos que trataban de dar una regla para todo, rebasan por igual los límites. ¡Abrid las puertas, que el viento y la sal vienen a limpiar esta ciudad!

Albert Camus - El estado de sitio - Alianza Editorial


ALBERT CAMUS, ERNEST HEMINGWAY Y ANDRÉ MALRAUX
TESTIGOS DE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

Ernest Hemingway, André Malraux y Albert Camus, tres <<brigadistas>> literarios de la guerra civil española. Como bien sabemos, no son los únicos autores célebres que hicieron del conflicto español materia literaria, de reflexión personal y política, pero he elegido a estos tres autores porque para los tres la guerra civil significó el punto de inflexión de su evolución literaria, un capítulo clave en su transformación personal. Si pudiera definirse el destino como aquello que nos revela en la vida ante nosotros mismos y ante los demás, aquello ante lo que el ser humano se pliega, la guerra civil fue para estos tres autores su destino. Por una razón común, la de cierto disgusto ante su situación personal en los años treinta, pero con una experiencia previa distinta, los tres encontraron en España el factor que reveló y afirmó su actividad futura e hizo posible que sus respectivas personalidades eclosionara en un marco de acción real (más en el caso de los autores franceses, por su mayor compromiso político). Experiencia y pensamiento pudieron confrontarse y luego confirmarse y luego se tradujeron en un compromiso intelectual y vital.


ALBERT CAMUS


El compromiso

ANDRÉ MALRAUX, L’ESPOIR y SIERRA DE TERUEL


Comme si l’Histoire, à tel moment donné, était l’expression enfin analysable du destin. (Pierre Moinot).



Pacifismo

Sierra de Teruel


Algunas notas para un comentario sobre L’Espoir

BIBLIOGRAFÍA

Albert CAMUS, ESSAIS, texte établi et annoté par Roger Quilliot et Louis Faucon. Gallimard, París, <<La Pléiade>>, 1965.
André MALRAUX, L’Espoir, Cátedra, Madrid, 1995.
-- Sierra de Teruel, 1939 (presentada al público por primera vez en 1945).
Robert S. THORNBERRY, André Malraux et l’Espagne, Librairie Droz, Ginebra, 1977.
Magazine Littéraire, especial Malraux, octubre de 1996.

Edward F. STANTON, Hemingway en España, Castalia, Madrid, 1989.
Varios Autores, Historia de la literatura norteamericana, Cátedra, Madrid.