UNA FORMA PARTICULAR DE IMITACIÓN
El
pastiche es un género considerado menor, un puro divertimento
en el mejor de los casos, un ejercicio de estilo, un afilar la pluma
por parte del autor a cuenta de sus genios literarios preferidos o denostados.
Ni siquiera los autores que, como Proust, obtuvieron un éxito
rotundo con su serie de pastiches dedicados a los autores fetiche de
su época concedieron demasiada importancia al género.
Ese desinterés, o interés muy relativo, explica que no
exista el estudio crítico correspondiente, como suma en clave
de reflexión a lo que se había decidido escribir por diversión.
La publicación en volumen con el título de Pastiches
et mélanges, no se produjo hasta junio de 1919, coincidiendo
con la publicación de À l’ombre des filles en
fleurs (por la que se le concedería el Premio Goncourt de
ese año y de una nueva edición de Du côté
de chez Swann. Hacía más de diez años que
Proust tenía la intención de reunir en un volumen las
<<mélanges>>, que él llamaba <<artículos>>,
a los que deseaba añadir los pastiches, que de ningún
modo quería publicar de forma independiente.
El
pastiche como crítica y como homenaje
<<Las
parodias de Proust son las más divertidas y más profundas
de la literatura francesa. Y también serían las más
crueles si su autor no rindiera en ellas sincero tributo al genio o
talento de la víctima de su ingenio al “ingresar en cuentas
corrientes ajenas”, tal como dijo Proust, “ideas quue un
más cauto administrador de sus propios bienes hubiera reservado
para su caudal y firma. Sin embargo, también se advierte cierta
hostilidad hacia estos escritores, pese a que Proust admiraba a todos
ellos, y tal hostilidad es más profunda y aguda de lo que la
mera parodia exige>>. (G. D. Painter, Marcel Proust, biografía,
pág. 458.)
Proust siempre fue consciente de la ambivalente relación que
une al <<pasticheur>> con el autor <pastiché>.
No es la necesidad de legitimar su actividad, sino la de explicar qué
le había animado a dedicarse a ella durante un tiempo lo que
le llevó a afirmar ante Robert Dreyfus, el 18 de marzo de 1908:
<<Descubrí que hacer crítica literaria práctica
resultaba divertidísimo.>> (ídem.)
Painter observa que la crítica práctica del pastiche tiene
una naturaleza distinta de la practicada por Proust hasta el momento:
<<su crítica era, al menos temporalmente, muy distinta
de aquella definición que había hecho constar en La
Bible d’Amiens, en donde dijo: <<Ayudar al lector a
recibir plenamente la impresión de las características
distintivas de un escritor, poner ante sus ojos una serie de rasgos
idénticos que le permitan darse cuenta de las esenciales cualidades
del genio del autor, debe ser la tarea primordial de todo crítico.>>
(...) en 1908 (Proust) emprendió la tarea no sólo de poner
de relieve estas “características distintivas”, sino
también la de darles carácter risible.>> (Idem.)
En efecto, si Proust <<se livre aux pastiches, c’est
pour amusement de faire la critique littéraire, amusement de
faire la critique littéraire en action. Le pastiche n’est
au fond que la conclusion naturelle d’une lecture avertie, qu’il
doit se proposer pour bout (mais qu’il utilise comme moyen) la
découverte de traits généraux par lesquels les
écrivains se distinguen les uns des autres.>> (Gallimard,
Pléiade, pág. 685.)
En todo momento defendió Proust las virtudes “purgativas”
del pastiche. En su ensayo, À propos du Style de Flaubert,
publicado en la Nouvelle Revue Française, en enero de
1920, Proust explica cuál era la finalidad última de los
pastiches: <<En el caso de los escritores gravemente intoxicados
por Flaubert, jamás recomendaré con el suficiente encarecimiento
la purgante y saludable virtud de la parodia; es preciso que hagamos
una parodia a plena conciencia, para evitar malgastar el resto de nuestras
vidas escribiendo parodias involuntarias.>> (Ídem.) Observación
a propósito de Flaubert que se hace extensible al resto de autores
de estilo demasiado evidente, como Balzac, Goncourt, etc.
Y continuando en esta caracterización de la parodia como ejercicio
de crítica literaria activa, es acertada la observación
de Gérard Génette: <<La imitación satírica
comporta, pues, inseparable de ella, puesto que define la idea que tiene
de las “condiciones” de su propio ejercicio, un ideal de
estilo.>> (Palimpsestos, pág. 117.)
Aunque resulta difícil resumir en pocas líneas en qué
consiste el estilo según Proust, es posible determinarlo, en
cierto modo, por eliminación. Sus propias palabras al referirse
a Balzac resultan ilustrativas:
<<Le style est tellement la marque de la transformation que
la pensée de l’écrivain fait subir à la réalité,
que, dans Balzac, il n’y a pas à proprement parler de style
(...) Dans Balzac coexistent, non digérées, non encore
transformées, tous les élément d’un style
à venir qui n’existe pas. Ce style ne suggère pas,
ne reflète pas: el explique.>> (en Sainte-Beuve
et Balzac, Gallimard, Pléiade, pág. 269).
En su pastiche, Proust demostraría esta ausencia de estilo característica
de la escritura balzaciana, al tiemp que exhibiría un conocimiento
pormenorizado de los rasgos distintivos del autor de la Comédie
humaine, a quien dedica un prolongadísimo homenaje a lo
largo de la Recherche...
En el periodo en que escribía los pastiches, Proust estaba dedicado
a su obra novelesca, pero aún no se consideraba dueño
al ciento por ciento de su estilo.
Éste <<todavía no se había independizado
plenamente (...). Así pues, parece que los peligros de la imitación,
que había sabido conjurar en otros aspectos de su actividad literaria,
todavía tenían fuerza formidable en el campo de las narraciones
inventadas.>> (Painter, pág. 459.)
Las parodias proustianas <<forman parte de una serie de avances
hacia el libre ejercicio de su talento literario (...). Las parodias
fueron el antídoto contra las toxinas de la admiración.>>
(Gallimard-Pléiade, pág. 459.)
Lo importante es que este ejercicio es una exhibición y que,
por lo tanto, no se trata de ofrecer una obra terminada sino demostrar
que se conoce al autor. El pastiche puede ser, en consecuencia, un breve
fragmento de una fingida obra del autor imitado, como sería el
caso del dedicado a Balzac: <<ces traits généraux
en permettant au lecteur de multiplier à l’infini les ressemblances,
dispensent l’auteur de les additioner>>. (Gallimard-Pléiade,
pág. 685.)
El
pastiche se ofrece como una <<incitación>> a la lectura
del autor imitado-parodiado. <<Les pastiches ne servent uniquement
à faire la preuve qu’un lecteur --ou un critique-- a compris
l’oeuvre d’un grand écrivain. Ils témoignent
à leur manière de l’admiration que ce dernier doit
normalement susciter puisqu’il apprend aux autres à découvrir
une vérité qui se situe au-delà des livres, la
vérité qui est en eux-mêmes.>> Insistimos
en lo dicho anteriormente: se trata de una lectura <<avisada>>
mediante la cual se realiza la crítica implícita del autor,
pero se destaca también esa verdad continuada que ofrece en su
producción literaria. El pastiche, como corresponde a cualquier
clase de parodia, aumenta el énfasis que impone en cada uno de
esos detalles.
Mecanismo
y función del pastiche
Según
el Dictionnaire Robert: <<est une oeuvre littéraire
ou artistique dans laquelle l’auteur a imité, contrefait
la manière, le style d’un maître (...) le plus souvent
par jeu, exercice de style ou dans une intention parodique, satirique.>>
(esta nota y las siguientes proceden de la <<Notice>> dedicada
a los pastiches en Gallimard-Pléiade, págs. 688 ss.)
La intención de Proust al escribir los pastiche es <<crítica
y creadora>>:
<<Ils révélent une exploitation systématique
et parfaitemente consciente d’une estructure littéraire
et stylistique.>>
<<El pasticheur interpreta como una estructura de hechos redundantes
del modelo y (...) gracias al artificio de un nuevo referente reconstruye
esta estructura más o menos fielmente, según el efecto
que haya querido producir en el lector.>>
Gracias al referente <<explícito>> (el affaire Lemoine
en este trabajo), los pastiches aparecen <<como variaciones sobre
un mismo tema subrayando las diferencias existentes entre los modelos
en los géneros practicados (la novela, el diario, la crítica
literaria), los temas favoritos (las intrigas de sociedad, en nuestro
trabajo), las tendencias estilísticas, la organización
del contenido (capítulos plagados de digresiones), los modos
de expresión (grandilocuencia, moralismo, etc.)>>
La deformación es un procedimiento característico del
pastiche. La concentración de rasgos; la <<disparidad burlesca
entre los caracteres reales de un objeto y la actitud mental adoptada
para describirla>> y los anacronismos son los aspectos más
definitorios.
A nivel de estilo, hay pastiche cuando hay <<reconocimiento>>
de un rasgo propio del modelo anunciado al lector, que es, por lo tanto,
previsible. El pastiche es un guiño al lector familiarizado con
el autor imitado. Este reconocimiento viene facilitado por <<la
pertenencia de los esquemas de expresiones tomados a lo que tradicionalmente
se ha llamado la “lengua del autor”>>.
Genette, en su brillante Palimpsestos. Literatura en segundo grado,
recorre la historia del pastiche, señalando que <<los autores
de pastiches vulgares llenan sus imitaciones de efectos cómicos
y satíricos suplementarios: calambures, anacronismos, alusiones
malintencionadas a la persona y a la obra del autor modelo, juego paródico
sobre los nombres de los personajes, etc.>> (pág. 108).
No es este el caso de Proust, pues en sus intervenciones <<se
abstiene de cualquier apreciación marginal negativa. La oposición
entre estas dos prácticas --satírica y no satírica--
es esencialmente de orden pragmático, metatextual e ideológico”.
(Genette, pág. 108.) En su actitud se advierte simpatía,
admiración e ironía: <<El pastiche no es ni puramente
satírico ni puramente admirativo (...) burlarse de una forma
de amar, y (...) la ironía (...) no es más que un rodeo
de la ternura.>> (Genette, pág. 145.)
Uno de los aspectos más dignos de mencionar del verdadero pastiche
es que <<el lector percibe al mismo tiempo un parecido y una diferecia,
esta última proviene de una concentración insólita
de “figuras características del modelo”. Existe,
pues, una discordancia entre forma y contenido, se produce un verdadero
“desvío de la expresión”. Finalmente, en esta
“inflación verbal”, en esta “invención”
se combinan dos estilos, el del “pasticheur” y el del “pastiché”.
En el caso de Proust, podemos preguntarnos si la parte del “pasticheur”
no es más importante que la del pastiché; pero la respuesta
es que en el dedicado a Balzac, la presencia de Balzac es ostensible.
La afición a este género por parte del autor de À
la recherche, está repetidamente documentada. Las razones
que se aducen para explicarla son, sin embargo, muy diversas.
Los autores de la edición de la Pléiade, Yves Sandre y
Pierre Clarac, señalan que Proust tenía tendencia a la
imitación de todo tipo; en cartas privadas se complacía
en imitar el estilo de algunos amigos escritores o supuestos escritores:
una tendencia (o disposición) es todavía muy visible hasta
1914. <<On peut donc dire que Proust a composé des
pastiches pendant vingt ans, et qu’il a pastiché des écrivains
de toute nature et de toute tendance.>> (Pléiade,
pág. 688, nota 1 a Pastiches.)
Y aún van más lejos en sus afirmaciones, adelantando esta
explicación, tal vez divertida como caracterización del
autor, pero difícilmente asumible sin más:
<<Caracteriológicamente es un emotivo-no activo-secundario
de sensibilidad excepcional, reforzada por una polaridad venusiana muy
clara, que aparece en una extrema permeabilidad a todas las influencias.
<<Ne disons pas que Proust s’adonne aux pastiches par
ce qu’il est homosexuel, mais disons que son inversion et sa tendance
au pastiche sont symptomes concordants d’un état de “déséquilibre”
psychosomatique. (...) Proust aspire à se debarraser, à
se délivrer de cette tendance facheuse pour un écrivain,
à enregistrer trop profondement les influences étrangères.>>
(pág. 690.)
Personalmente, prefiero la interpretación que da Genette: <<La
capacidad mimética y el “demonio de la analogía”
se reducen a una sola y misma aptitud para percibir y producir las semejanzas.
El pastiche no es tanto para Proust una práctica accesoria, mera
catarsis estilística o simple ejercicio pre-novelesco: es, junto
con la reminiscencia y la metáfora, una de las más privilegiadas
(...) de su relación con el mundo y el arte.>> (Genette,
pág. 145.)
En definitiva, se trata principalmente de un ejercicio de crítica
y de autocrítica. <<Il faut se purger du vice d’idolatrie
et d’imitation>> (p. 690, Pléiade). Una acción
catártica por la cual el <<pasticheur>> se presenta
a cara descubierta ofreciendo su imitación del autor, al que
al mismo tiempo admira y critica, mediante un ejercicio de distanciamiento.
En cuanto a la cronología, el momento en que tuvo lugar la redacción
de los pastiches corresponde a un periodo de búsqueda después
de fracaso técnico de <<Jean Santeuil>>. Su búsqueda
se centraba en una estética y en una <<expresión>>
eficaces.
En efecto, <<tout se passe comme si Proust avait entrepris
de se forger, par élimination et réflexion, un instrument
stylistique qui ne doit rien à ses illustres modèles.>>
En resumen, quería agotar el estilo del autor admirado-criticado
para emprender, libre de influencias, la propia obra.
Además de la diversión que le procuran, los pastiches
nos interesan por la idea que nos brinda de un Proust “juguetón”,
distinto del supuestamente grave autor de uno de los “monumentos”
de la literatura europea. Ello no impide que la reflexión que
el autor haga a propósito de los pastiches sea de orden estrictamente
literario, en relación al control conseguido gracias a ellos
sobre su escritura: su mérito no sería otro que dejar
de hacer en adelante pastiches <<más o menos involuntarios>>
en las obras publicadas con su firma.
La publicación de Pastiches et mélanges mereció
una acogida entusiasta de la crítica. Proust fue declarado superior
al resto de los “pasticheurs”. Henri Vianant en Les
Échos parisiens (5 de octubre de 1919) afirmaba: <<Il
ne s’agit pas de faire ressemblant: il faut faire drôle.
Un bon pastiche doit valoir une page de critique.>> (Pléiade,
pág. 692.)
El pastiche dedicado a Balzac apareció en el <<Supplément
littéraire>> de Le Figaro, el 22 de febrero de
1908.
COMENTARIO AL PASTICHE DEDICADO A BALZAC
El
asunto y los motivos que animaron a Marcel Proust a escribir los pastiches
aparecen relatados de la siguiente manera en la excelente biografía
que George D. Painter le dedica:
<<En
enero de 1908 uno de esos fraudes que, debido a la desvergüenza
del estafador y la dignidad del estafado, resulta más cómicos
que deplorables, hizo las delicias de los parisinos. Sir Julius Wernher,
director general de Beer’s, la gran sociedad dedicada a la explotación
de minas de diamantes, había conocido tres años antes,
en Londres, a un técnico electricista francés, llamado
Lemoine, quien le aseguró que había descubierto, en mala
hora, un método para fabricar diamantes.
>>Para ello tan sólo necesitaba un horno, un crisol, carbón
común y mucho dinero. Tras haber sido testigo de un experimento
en el que Lemoine dio la impresión de “fabricar”
un diamante pequeño pero auténtico, sir Julius le fue
entregando, con harto dolor, diversas sumas, que alcanzaron el total
de 64.000 libras esterlinas. De vez en cuando, Lemoine le mostraba nuevos
diamantes, pero jamás consintió en revelar su fórmula.
Entonces, sir Julius decidió recurrir a los tribunales de justicia.
El día 9 de enero, Lemoine fue interrogado en presencia de su
abogado, por el juez Le Poittevin; el abogado Lemoine era nada menos
que el gran Libori, el defensor de Dreyfus. Inmediatamente, el “affaire”
de los diamantes adquirió notoriedad mundial. El plan de Lemoine
consistía en hacer público su descubrimiento, comprar
acciones de la sociedad De Beer’s cuando se produjera la tremenda
baja que el anuncio del nuevo procedimiento causaría y, luego,
vender las acciones con inmensos beneficios, tan pronto el mercado volviera
a normalizarse. Los diamantes “fabricados” por Lemoine fueron
identificados por los joyeros como aquellos que la esposa del estafador
había adquirido en sus tiendas. La investigación judicial
y la cotidiana diversión de los lectores de los periódicos
se prolongó hasta el mes de marzo.
>>Al principio del asunto, Proust se alarmó un tanto, por
motivos de carácter puramente personal. Desde el verano en que
murió su madre, Proust había jugado a la Bolsa, a menudo
con provecho, y parte de su capital estaba invertido en acciones de
la De Beer’s. Pero no tardó en llegar el momento en que
el aspecto cómico del asunto puso en marcha la imaginación
del escritor. El “asunto de los diamantes” le parecía,
tal como había dicho Madame Straus con respecto al affaire Dreyfus,
un fragmento de Balzac. En realidad, parecía un fragmento de
Flaubert, de Michelet, del Journal de Goncourt, o de casi cualquier
escritor. Pero debido a que le resultaba imposible tratar con seriedad
este tema, cualquier literato que lo hubiese intentado habría
puesto de relieve sus puntos más débiles.
>>El año de los diamantes, la parodia parecía estar
de moda. Charles Milles y Paul Reboux (...) habían publicado
un divertido pero superficial volumen de imitaciones cómicas
tituladas “À la manière de...” que
habían sido uno de los grandes éxitos de la temporada
literaria, y que los lectores de Le Figaro conocían debido a
que este periódico había publicado un largo extracto del
mismo en el número dee 26 de enero de 1908. Así pues,
no fue de un modo “puramente accidental”, según dijo
Proust años después, que éste eligió <<una
noche este trivial caso jurídico como único tema de una
serie de piezas literarias en la que procuró imitar el estilo
de diversos escritores>>. El primer grupo de autores imitados
estaba formado por Balzac, Émile Faguet, Michelet y Edmond de
Goncourt, y la colaboración fue publicada en un suplemento literario
de Le Figaro, el 22 de febrero de 1908; en el segundo grupo se encontraban
Flaubert y Sainte-Beuve, y el artículo apareció el 14
de marzo; y la tercera colaboración, aparecida el 28 de marzo,
estaba dedicada a Renan.>> (<<Purificación mediante
la parodia>>, en Marcel Proust. Biografía, Barcelona,
Lumen, 1989, págs. 457-472.)
Todo el texto sobre <<el affaire Lemoine según Balzac>>
es un divertido ejercicio de reconocimiento de las mejores cualidades
y los peores defectos de Honoré de Balzac.
El texto en cuestión está planteado como un episodio inacabado
en el que se nos relata el <<affaire>>; pero, tal como es
habitual en Balzac, los pormenores relacionados con los personajes que
van apareciendo en la reunión y los vínculos declarados
o secretos que unen a unos con otros dilatan el punto culminante que,
al menos en teoría, debería ser la explicación
detallada del caso. Según nos muestra Proust, Balzac necesitaría
muchísmas páginas para llegar al final del asunto.
En
mi comentario señalaré los rasgos característicos
de Balzac tal como aparecen destacados en el pastiche. Como ya hemos
señalado en las notas precedentes, lo definitorio es la acumulación
de rasgos característicos del autor imitado, hecho que provoca
la hilaridad, de modo muy parecido a lo que ocurriría si una
persona se decidiera a mostrar todos sus tics sucesivamente.
La presentación: una característica esencial balzaciana
es la localización temporal de la escena y las situación
más habitual: una reunión social (un de ces routs) que
congrega a la crème de la sociedad parisina (cuando Proust reúna
al mismo grupo social, la aristocracia del Faubourg Saint-Germain la
llamará le gratin): l’élite de l’aristocratie
parisienne.
No de otra manera arranca Esplendores y miserias de las cortesanas:
- En 1824, au dernier bal de l’Opéra...
Sigue la relación, es decir la nómina de personajes ilustres
que ha acudido: <<de Marsay, Rastignac, el conde Felix de Vandenesse,
los duques de Rhistori y de Grandlieu, el conde Adam Langski, mme. Octave
de Camps y lord Dudley>> entre otros.
Desde el principio del texto se sugiere la serie infinita de <<intrigas
soterradas>> --<<sans exciter pourtant la jalousie de
la marquise>>- que vinculan a unos con otros y cuya profundidad
permite a un observador del calibre de Balzac escribir ese fresco titulado
La Comédie Humaine.
Las reflexiones de índole moral sobre el comportamiento en sociedad
del que Balzac considera el grupo humano más importante (el resto
de la Humanidad queda totalmente relegada a un segundo plano en comparación
con la aristocracia parisina, <<la plus élégante
de l’Europe>>).
Evidentemente, la hipérbole es un rasgo típico de Balzac
que Proust, según las reglas implícitas del pastiche,
lleva a sus últimas consecuencias a fin de proponer una lectura
crítica sacando partido a la comicidad de las expresiones típicas
de Balzac.
<<La grandeza de Balzac queda tan certeramente insinuada con su
vulgaridad moral y su siempre latente tendencia al absurdo>> comenta
en su biografía Painter (págs. 457 y 458), comentario
que queda ilustrado precisamente por estos ejemplos del uso de la hipérbole:
<<cette carmélite de la réussite mondaine>>
(capaz de sacrificarse para que su salón brille en todo París...)
-- n’est--elle pas en cela l’égale de la sainte?
Y, como consecuencia a estas reflexiones, sólo puede colegirse
que Ne mérite-t-elle pas sa part, si chérement acquise,
du paradis social?
La cita siguiente, entresacada de la novela Los decadentes,
en que se refierer a los círculos restringidos considerados como
paraíso, apoya el hallazgo de Proust:
<<Ese paraíso de gentes de justicia admite pocos elegidos...>>
(pág. 154)
La deducción <<sacrificio merecedor del paraíso>>
es una estupenda parodia que nos permite reconocer más a Proust
que al propio Balzac. Por supuesto, Balzac no llegaría a sumar
tan exactamente dos y dos como lo hace Proust, que utiliza este procedimiento
lógico para demostrar cómo funcionan las comparaciones
de Balzac y, al mismo tiempo, el concepto en que el escritor tenía
a la aristocracia parisina como <<paraíso social>>.
No podemos pasar por alto, no obstante, que también Proust se
sentía fascinado por esta clase y que toda la Recherche
<<es un canto al paríso de los Guermantes. Es así
como Proust hace una parodia indirecta de si mismo y de su fascinación,
compartida por Balzac, aunque con menos ingenuidad que éste,
de los miembros del Faubourg.
Después de la presentación en la que falta la descripción
del espacio físico --Balzac suele ser parco en la descripción
de espacios; suele destacar algunos detalles en lugar de describir el
conjunto, a la manera de un Flaubert-- pasa a fijar su atención
en la marquesa d’Espard, un personaje habitual de la Comédie
humaine.
Lo importante es que conozcamos sus credenciales, su posición
en la sociedad. Por lo tanto, importa que sea une demoiselle de Blamont-Chavroy;
en segundo lugar, sus conexiones, sus vínculos: alliée
des Navarreins, des Lenoncourt, des Chaulieu.
A continuación, el gesto de la marquesa recibiendo a sus invitados.
Balzac afirma repetidamente la superioridad de la aristocracia, en su
condición de depositaria de cuantos sentimientos y expresiones
son indicio de una naturaleza superior. O dicho en palabras de Genette:
<<El pastiche de Balzac pone de relieve sobre todo el esnobismo
vulgar y la fatuidad de un autor siempre dispuesto a extasiarse ante
la superioridad de las “gentes de mundo” (pág. 122).
Estos indicios son a menudo tan sutiles que su “reconocimiento”
nos proporcionan buenos momentos de humor: la mano que ofrece la marquesa
es, como ha dicho un eminente científico, la main la plus
profondement calculée qu’il lui est donnée d’examiner?
(¿Qué puede querer decir exactamente “calculada”?:
que la naturaleza ha realizado con cálculo extremo su hechura
o que el gesto de la marquesa pone de manifiesto un profundo cálculo
en sus movimientos, lo que, a su vez, trasluce el fondo de sus sentimientos?
Sea como fuere, lo ha dicho “Desplein”, otro habitual de
la Comédie. Y dado que en la obra de Balzac no tiene
cabida la pacotilla, ni intelectual ni moral, sino que todos los personajes
son magníficos, en su bondad como en su perfidia, Despleins es
le plus grand savant de notre époque, sans excepter Claude Bernard.
Esta forma de presentación de un personaje secundario es habitual
en Balzac, y Proust la repetirá una vez tras otra para poner
de relieve lo que hay en ella de cliché, de pensamiento-fórmula.
Ya hemos podido observarla en el primer aparte del pastiche; al citar
a M. De Talleyrand, ce Roger Bacon de la nature sociale, qui fut
évèque de Bénèvent. La fórmula
es como sigue:
ese
+ nombre ilustre convertido en arquetipo + de la ciencia (social u otra)
+ que fue o hizo esto o aquello digno de mención...
Proust ha dejado escrito que Balzac acostumbra a ilustrar al lector
con todos los conocimientos acerca de tal o cual detalle y que, sin
tener en consideración el ritmo de la frase o de la reflexión
que desarrolla, no pone reparos en acumular la información de
que dispone, venga o no a cuento. De ahí la frase que Proust
se regocija en añadir que el médico Desplein avait été
élève de Lavateur, del mismo modo que Talleyrand fue évèque,
etc.
Lo mismo cabe decir a propósito de cualquier otra información
que juzgue pertinente incluir, como la que se refiere a las zapatillas
de madame Firmiani, que comentamos más adelante.
Por fin, <<la acción>>: la atención del narrador
se olvida del besamanos porque tout à coup, la porte s’ouvrit,
dando entrada a un novelista, por supuesto insigne. La galería
de celebridades y notables de la Comédie sólo
sería superada por la que reuniría su discípulo
aventajado: el propio Proust.
Daniel d’Arthez posee una naturaleza excepcional, que queda expresa
en un detalle insignificante sólo en apariencia, como son sus
pasos sobre el suelo: la sonorité spéciale du pas des
homes supérieurs sólo es discernible por alguien como
un <<físico del mundo moral>> (que cabría
traducir como un novelista, un filósofo, un magistrado o un poeta),
que reuniera las cualidades de Lavoisier --conocido del común
de los lectores-- y de Bicho --menos conocido: Balzac-Proust nos ilustra:
<<el creador de la química orgánica>>. Es
preciso señalar que es ¡cuarto! sabio que aparece--. La
referencia alas artes visulaes supone una de las variantes del ennoblecimiento
de cualquier afirmación hecha por el autor: es el recurso a las
autoridaddes. Así, cuando se refiere a Raphaël, <<Proust
le hace decir de su “Fornarina” que la plus saillante de
ses toiles, qui le place au-dessus d’Andrea del Sarto dans l’estime
des connaisseurs.>>
Pero volvamos a la alusióna Bichot. Est detalle merece que nos
detengamos, ya que, aunque es tan balzaciano como los que le siguen,
éstos resultan más fácilmente reconocibles, porque
aparentemente evocan al autor “pastiché” de forma
más directa.
A Balzac le gusta demostrar que está al día de los adelantos
más significativos de la ciencia, y no sólo eso; que sus
textos son una destilación de múltiples y variadas lecturas,
que vienen a añadirse de manera natural a su gran penetración,
a su capacidad de observación del mundo moral; y entiéndase
por “mundo moral” el conjunto de actos que realiza una porción
de seres representantivos de los más exquisito de la Humanidad,
localizable por voluntad de Dios, en París.
Con todo, las comparaciones hiperbólicas constituyen el detalle
más determinante del estilo de Balzac. En el pastiche que comentamos
se acumulan de frase en frase. La perosnalidad del escritor se muestra
grandilocuente y sobreabundante como su fisonomía nos ha acostumbrado
a creer.
Seul pouvait marcher ainsi un sublime (uno de los adjetivos favoritos
del autor; véase nuestro apéndice de citas) génie
ou un grand criminel. El gigantesco salto cualitativo entre ambas figuras
(genio/criminal) es una buena ocasión para realizar otras tantas
volteretas, llevando al extremo la comparación. Este procedimiento
permite al narrador poner de manifiesto su propia genialidad; la grandilocuencia
añade una comicidad involuntaria que nos resulta muy regocijante.
Le génie n’est-il-pas d’ailleurs (es la
palabra importante, “acaso”, “por otra parte”)
une sorte de crime contre la routine du passé que notre temps
punit plus sévèrement que le crime même. Y, pirueta
final, donde se mezcla la reflexión filosófica y la crítica
social: puisque les savants meurent à l’hôpital qui
est plus triste que le bagne.
La acción propiamente dicha se retrasa porque el narrador debe
ponernos en antecedentes de las complicadas relaciones existentes entre
los distintos personajes y, por ello, de todas las implicaciones que
se acumulan en la mínima inflexión de sus voces, en el
más insignificante de sus comentarios.
D’Arthez es para la marquesa l’amant qu’elle espérait
bien enlever à sa meilleure amie (nosotros, lectores, somos
ya partícipes de una intriga que amenaza a la pobre princesa).
Esta mínima dosis de entregan que se nos ofrece de frase en frase
legitimaría comparaciones como la ya comentada entre el genio
y el criminal y todas aquellas en las que la sociedad es un reflejo
ampliaado de un círculo criminal. Así, Athenaés,
es decir, la marquesa, ne se sentait pas de joie en voyant revenir
chez elle l’amant..., si bien sabe guardar la calme impénétrable
que possèdent les femmes de la haute société au
moment même où elles vous enfoncent un poignard dans le
coeur.
Comentaremos estos dos aspectos: el “uso de los nombres propios”
para aludir a personajes de la aristocracia era un rasgo que divertía
mucho a Proust. Balzac parece querer demostrar así su familiaridad
con le gratin y con sus usos: en ese restringidísimo círculo
sólo se tutean los iguales. Se trata de una forma de esnobismo,
al que el mismo Proust era muy sensible.
En otro orden de cosas, también muestra un apego a sus criaturas
de ficción y un tratamiento folletinesco, abundante en apelativos
del tipo “la pobre criatura”, “la muy desgraciada”,
“la infeliz”, etc.
Y lo cómico de una comparación que lleva al extremo la
similitud entre dos gestos tan distintos realizados con la misma “calma
impenetrable”. Le añade comicidad: les femmes de la haute
société, con el que se nos viene a sugerir la frecuencia
con que estas damas se deciden a hundir “un puñal en el
corazón” del prójimo. Y para acentuar el carácter
risible de la hipérbole, el pasticheur-narrador se niega a suavizar
la comparación proponiendo una lectura metafórica por
la que se permita entender que ese “puñal en el corazón”
es el del amor. No: la comicidad es más eficaz si se impone una
lectura literal. Es lo que en las notas introductorias se ha definido
como “disparidad burlesca entre los caracteres reales de un objeto
y la actitud mental adoptada para describirla”.
Es verdad que algunas veces el mismo Balzac supera a su parodia, como
en estas líneas de Esplendores (pág. 249):
Sortie du bain, (Esther), la fleur était fraîche, parfumée
à inspirer les désirs à Robert d’Abrissel.
Y la nota a pie de página nos aclara que D’Abrissel fue
el fundador de la abadía de Fontevrault, y que ensegnait particulièrement
la chasteté, et pour vaincre la chair il partageait le lit des
religieuses. El humor del Balzac original no es necesariamente sutil,
pero es rotundamente eficaz.
Por su parte, el gran D’Arthez se expresa con cet enthousiasme
des penseurs qui paraît ridicule au milieu de la profonde dissimulation
du grand monde.
Hasta el momento, se han ido sumando numerosas alusiones a las acciones
e intrigas más emblemáticas de la Comédie Humaine.
Y la acción hasta estas líneas puede resumirse en que
Athenaés, la anfitriona, saluda a la princesa (Mme. De Cadignan,
o Diane) señalando la presencia inesperada del escritor D’Arthez
(su futuro amante y amante actual de su interlocutora, que es también
su mejor amiga). Le comunica que D’Arthez debía ignorar
la presencia de Diane y que el motivo de su visita puede sesr el deseo
de encontrar a Lucien (de Rubempré, el gran protagonista de Ilusiones
perdidas y Esplendores y miserias de las cortesanas). Su malevolencia,
ya que Lucien había abandonado a Athenaés, no inmuta a
la marquesa, quien cree vengarse de su antiguo amante tachándolo
de chusma: ces gens-là, declarando que su suerte no podería
ser otra que la del petit d’Esgrignon. Y por si no sabemos qué
suerte es esa, se nos indica que leamos su novela le Cabinet des Antiques,
autorreferencia abundante en la serie de la Comédie, concebida
como un fresco que remite de un episodio a otro a las sucesivas avnturas
de los personajes que se van turnando en el protagonismo de la acción.
Como bien sabemos, la suerte de Lucien será el suicidio después
de múltiples avatares que ilustran bien la tragedia de un hombre
ambicioso de provincias en la ferocísima y despiadada capital.
Prosiguen las referencias al hermoso Lucien. Una extraña al círculo
realiza una observación inconveniente: que Lucien está
comprometido con una joven perteneciente a una de las mejores familias
del Faubourg: se trata de Clotilde de Grandlieu (su descripción
aparece en Splendeurs et misères... según queda recogido
en el apéndice posterior).
La concentración de rasgos característicos del pastiché
explica que la presentación de la vizcondesa de Beauséant
sea la ocasión de introducir otros de los motivos balzacianes
más señalados:
- la oposición entre París y las provincias.
En
su reaparición dans le monde, la vizcondesa se jacta de transmitir
una noticia que sólo es fresca para ella. Lo cierto es que todo
el mundo conoce el noviazgo de Lucien y de Clotilde y le hacen notar
que es inconveniente referirse a él en presencia de madame de
Sérizy (Sérisy, en Spledeurs...)
Y la pobre vizcondesa, al querer rectificar su error, cometerá
otros sucesivamente. Madame de Sérizy está muy unida a
Lucien (il est le favori intime actuel de madame de Sérisy se
lee en Splendeurs... pág. 163), y por mucho que la princesa trata
de arreglarlo afirmando que todo el mundo considera muy seductor a Lucien
(de quien la duquesa de Grandlieu, madre de Clotilde, afirma que es
beau comme un rêve, en la misma novela, pág. 13), la pobre
vizcondesa yerra de nuevo el tiro, de forma que el pobre muchacho queda
convertido en un seductor de mujeres maduras (pas séduisant...
du moins pour une jeune femme).. como seguramente lo es la Sérisy.
Antes
de entrar en el affaire Lemoine, aún se detiene Proust en sumar
dos detalles:
-el tema de los criados y la jerga del barón Nucingen.
Si bien los comentarios o las descripciones que reflejan una observación
detallada del mundo de los criados es más propia de Proust que
de Balzac, podemos leer la siguiente frase, a considerar como un nuevo
pretexto para señalar la superioridad de este círculo
social a través de un rasgo que no llega a explicar en qué
consiste: Paddy, el mayordomo, se tenait devant lui avec l’immobilité
spéciale à la domesticité du Faubourg Saint-Germain.
La inmovilidad aparece magnificada por el adjetivo spéciale que,
a su vez, define y permite reconocer a la domesticité du Faubourg
Saint-Germain.
-La
jerga de Nucingen.
Si existe un personaje fácilmente reconocible entre los cientos
que pueblan la Comédie Humaine, éste es el banquero Nucingen,
protagonista de La maison Nucingen, y personaje importantísimo
por su relación con Esther en Esplendores y miserias de las cortesanas.
Su jerga ofrece un alto rendimiento cómico, difícilmente
despreciable para un pasticheur. Su habla es la transcripción
de l’affreux patois du juif polonais. Balzac podría haberse
inspirado en el también barón (y también banquero)
James de Rothschild, a quien el marqués de Bonneval dans ses
Mémoires anecdotiques fait dire à James de Rothschild,
lorsqu’il aperçoit l’un de ses amis: “Ah, foila
mon bedid Septeuil”. (Nota I en pág. 155 de Splendeurs...).
Se trata de la misma alteración de los fonemas: las “v”
aparecen cambiadas en “f”; las “p” en “b”,
las “t” en “d”, “j”, en “ch”,
“c” en “g”, etc. En el fragmento que comentamos,
Nucingen se limita a ejercer de palurdo social, pese a sus habilidades
financieras.
¡Y
por fin el affaire Lemoine!
D’Arthez, con la pompa de expresión que le define, comunica
el gran descubrimiento. Dirigiéndose a madame de Sérizy
con una expresión que una vez más sirve para que reconozcamos
la disparidad entre el gesto, el contexto en que éste se lleva
a cabo y la grandilocuente reflexión con que nos ilustra Balzac-Proust:
cet
effrayant sang-froid qui peut triompher des plus grands obstacles.
Hasta aquí no vemos qué gran obstáculo se le opone
a D’Arthez, aunque ya estamos capacitados para comprender que,
participando de la misma sangre fría con que la otra se dedicaba
a clavar puñales en corazones ajenos, el insigne D’Arthez
es un ejemplar legítimo del gran mundo.
Le sang froid es algo de lo que los personajes de Balzac echan
mano a menudo:
En Los decadentes, (traducción españolas del
Cabinet des Antiques) se puede leer: <<La sangre fría de
la señora Bargeton calmó las lamentaciones de la nobleza,
acallándolas bruscamente. Las almas nobles siempre están
dispuestas a transformar una desgracia en una virtud. Además,
existen muchos atractivos en la persistencia de hacer un bien que se
reprocha: la inocencia tiene el atractivo del vicio.>> (pág.
62).
Y en Eugenia Grandet (pág. 203): <<dijo con admirable sangre
fría, nacida del pensamiento que iba a expresar>>.
D’Arthez no ha dicho gran cosa, pero parece que “a buen
entendedor pocas palabras sobran”, ya que se dice de él
que su expresión fue si perfidement epigrammatique,
que se hace merecedor de un comentario admirativo de Paul Morand (otra
eminencia que frecuenta los salones), un de nos plus importants
sécretaires d’ambassade
.
Una de las espectadoras, ante la evidente superioridad del escritor
y, probablemente fruto de la tensión que adivina, no puede sino
sudar dans ses pantoufles, un des chefs-d’oeuvre de l’artesanie
polonaise.
Varios estudiosos se han detenido en este fragmento, destacando su comicidad.
Painter escribe:
<<Proust se había liberado del llanto y las angustias en
que se sumió los dos años anteriores, y ahora reía
por primera vez desde la muerte de su madre. Al leer los párrafos
más cómicos de su parodia de Balzac --"Madame Firmiani
sudaba copiosamente, calzada con las zapatillas que eran obra maestra
de la artesanía polaca"-- nos parece oír la risa
solitaria de Proust, mientras escribía, a medianoche, en su dormitorio.>>
(pág. 459). Strauss también señala esta frase entre
las más acertadas de la parodia: <<All of Balzac’s
vulgarity and ingenousness seems to have been caught in this sentence.>>
(in Proust. The Novelist as Critic, pág. 102.)
La recapitulación o resumen-sumario es un motivo propio de la
novela del siglo XIX y un recurso frecuente en Balzac. No olvidemos,
en todo caso, que la publicación en folletín de algunas
de sus novelas obligaba al narrador a elaborar tales resúmenes
de la acción pasada en los que también podía incluirse
otro tipo de sumario concerniente al carácter del personaje o
a la naturaleza del asunto que iba a relatar. Sea como fuere, es el
autor quien decide en qué momente tiene a bien interrumpir la
acción, inmovilizar a sus personajes y proporcionar a su lector
los datos que necesita pour comprendre le drame qui va suivre.
En este bloque abundan los “motivos balzacianos”.
- la contextualización histórica: Se nos advierte que
aquí Proust juega con los anacronismos. Las diferencias entre
Francia, Alemania y el Reino Unido corresponden a otra época.
- las observaciones intercaladas relativas a los personajes. El banquero
Nucingen, haciendo uso de la información privilegiada que ha
obtenido gracias a sus relaciones con el ministro de Marsay, compra
los títulos de renta de los que todos querían desprenderse,
cuando <<los reyes de las finanzas jugaron a la baja a la noticia
de una próxima movilización>>.
- disgresión sobre la historia y su peso en el destino de los
hombres. La intervención siempre providencial de uno de los (muchos)
hombres providenciales que pueblan Francia: aquí, la figura del
mariscal Montcornet es comparada con el magnífico Napoleón
(tal vez sea Balzac, después de Stendhal, uno de los autores
que más veces ha evocado el genio del corso). Balzac-Proust vuelve
a establecer uno de esos vínculos que unen a dos grandes hombres
a los que en apariencia nada une, excepto la mirada penetrante del mismo
Balzac:
- je me garderais bien d’affirmer qu’ils ne sont pas
rattachés l’un à l’autre par quelque lien
occulte. Digresión que le conduce otra vez a una eminencia
científica (the last but not the least): Leibniz y su armonía
preestablecida, en una alusión cuya pertinencia no está
justificada.
-El misterio de los nombres: sir Julius Werner, el hombre estafado por
Lemoine, le recuerda a Werther. Y “Werther es de Goethe”.
No se ahorra referencia alguna, por estrambótica que pueda parecernos
a simple vista: el asunto le recuerda el pacto que reunió a Fausto
con el diablo: ne voyez-vous déjà le docteur Faust?; no
sólo eso, nos hallamos ante uno de los afanes que desde la noche
de los tiempos ha ocupado a los hombres: la búsqueda de la piedra
filosofal. Hemos llegado al <<ennoblecimiento del asunto>>,
o recurso a las autoridades al que ya nos hemos referido, tan grotesco
en realidad (o, lo que viene a ser lo mismo, la búsqueda por
parte de Balzac de sus propias “cartas de nobleza” por su
frecuentación no sólo del beau monde sino de ese otro
más espiritual y refinado de las artes. Una observación
viene al caso, a través de la cual descubrimos un nuevo parentesco
entre Proust y Balzac: toda la Recherche es una afirmación de
las artes como redención de la vida. De una manera más
pedestre, Balzac estaría manifestando la misma convicción.
Ahora bien, tratándose de Balzac no se llega ni fácil
ni rápidamente al núcleo de la acción. Mientra
que el método de Proust sería la llamada <<frase
en arco>> mediante la cual se nos ofrece una multiplicidad de
sensaciones implicadas, Balzac interviene como un tribuno que realiza
un sinfín de digresiones con la que ilustra al lector. La que
sigue se refiere a personajes singulares como Lemoine.
Éste es un de ces hommes extraordinaires a los que el
destino (otro gran actor del fresco social que es la Comédie)
puede llegar a favorecer como guía propicio: entonces un Lemoine
podría ser un Geoffroy Saint-Hilaire, Cuvier, Iván le
Terrible, Pierre le Grand, Charlemagne, Berthollet, Spalanzani, Volta.
Pero si, como es el caso, las circunstancias no son favorables, ils
finiront comme le maréchal d’Ancre, Balthazar Cleas, Pugatchet,
Le Tase, la comtesse de la Motte ou Vautrin. En esta relación,
se reúnen un conjunto de personajes ficticios y reales, contemporáneos
e históricos.
A la naturaleza de los seres extraordinarios le sigue otra sobre la
fortuna de los inventores en Francia: el gobierno francés concede
escaso valor a la patente del invntor. Este desdén explica que
Lemoine, quien a fin de cuentas no hacía sino buscar una salida
mejor remunrada a su ingenio, exclamara al verse detenido por la policía:
Quoi? L’Europe m’abandonnerait-elle? Ninguno de
los presentes entiende la referencia, salvo nosotros, lectores advertidos.
En Ilusiones perdidas, encontramos un fragmento donde Balzac
se explaya en sus lamentos sobre la industria francesa:
<<...nada más necesario que adaptar las papeleras a las
necesidades de la civilización francesa, que amenazaba con extender
la discusión a todos los ámbitos y reposar sobre una perpetua
manifestación del pensamiento individual, una verdadera desgracia,
ya que los pueblos que deliberan suelen obrar muy poco.>> (pág.
477)
En el último párrafo del pastiche se introduce a un nuevo
--el enésimo-- personajes, cuyo papel en la acción tendrá
menos relevancia y que, como todos los demás, tienen vínculso
más o menos declarados con los protagonistas de la Comédie.
Por este motivo se convierte en un candidato a protagonizar algún
episodio fundamental de la Comédie. De ahí el aparentemente
anómalo <<etc.>> que cierra el fragmento. No es,
contra lo que pueda parecer, una forma de terminar del propio Proust
sino un último calco de la escritura del autor imitado. En efecto,
podemos leer en Eugénie Grandet: <<había encargado
para salir al encuentro de su Anita, la gran señora que... etc.>>
(pág. 45), término expeditivo en que sesubrayan los sobreentendidos
y que fue un recurso muy utilizado por otro gran autor, Stendhal.
Nuestro comentario final hace referencia inevitablemete al aprecio que
podemos conservar por la obra de Balzac. Lo cierto es que el autor soporta
bien el pastiche; el mérito de Balzac no es el estilo, es la
emoción de vida que contienen sus novelas, cómo se respira
en ellas lo que está ocurriendo en París y cóo
nos llega a través del temperamento vitalista de su autor. Proust
es, por supuesto, quien debe responder a la pregunta de si <<se
puede amar a Balzac>>, después de un pastiche que tiene
algo de vapuleo. Pero es el <<vapuleo>> de un crítico
que es también un discípulo.
Les autres romanciers on les aime en se soumettant à eux
(...) Balza, on sait toutes ses vulgarités, elles vous ont souvent
rebutté; puis on commence à l’aimer, alors on sourit
à toutes ces naïvetés qui sont si bien lui-même;
on l’aime avec un tout petit d’ironie qui se mêle
à la tendresse; on connaît ses traveers, ses petitesses,
et on les aime parce qu’elles le caracterisent fortement.
(pág. 272, Gallimard, Pléiade) No puedo sino suscribir
sus palabras.
ÍNDICE DE CITAS DE NOVELAS DE BALZAC
Gramaticalmente, sin duda el rasgo más característico,
que por acumulación en la frase o en el párrafo se va
cargando de comicidad, es la construcción del artículo
con demostrativo: une de ces, un de ces, que parecen
propiciar una relación de comicidad entre el lector y Balzac,
o una similitud de experiencias.
<<Una
cara semejante anunciaba esa astucia peligrosa, esa fría probidad
y ese egoísmo de un hombre acostumbrado a concentrar sus sentimientos
en el placer de la avaricia y el único ser que realmente significaba
algo para él.>> (Eugénie Grandet, pág.
21.)
<<una
de esas miradas de provincias, donde las mujeres miran con tanta reserva
y prudencia, que llegan a comunicar a sus ojos esa golosa concupiscencia
propia de los eclesiásticos, para quienes todo placer es un robo
o una falta.>> (ídem., pág. 51)
<<Los
diplomáticos pertenecen a algunas de esas tres clases de mamíferos...>>
(Los decadentes, pág. 113).
Cette
jeune personne était alord debout (...) permettant au regard
moqueur de la marquise d’Espard d’embrasser la taille sèche
et mince de Clotilde qui rassemblait parfaitement à une asperge.
Le corsage de la pauvre fille était si plat qu’il n’admettait
pas les ressources coloniales de ce que les modistes appellent des fichus
menteurs. Aussi Clotilde, qui se savait des suffisants avantages dans
son nom...
...enfin,
tout ce qu’on a nommé si justement le je ne sais quoi,
(...) et qui signalait en elle une fille de bonne maison. (Splendeurs
et misères des courtisanes, pág. 112-113).
Hipérboles
<<Eugenia
había tenido más ideas en un cuarto de hora que en todos
los días de su vida>> (Eugénie Grandet,
pág. 50)
<<los
tesoros de su piedad, que es una de las sublimes superioridades de la
mujer, la única que ella desea hacer sentir, la única
en que ella se reconoce a un nivel superior al hombre.>> (Eugénie
Grandet, pág. 103).
<<Pasa
el policía por las mismas emociones que el cazador, pero mientras
que el uno pone en juego las fuerzas físicas y mentales para
tirarle una liebre, una perdiz o un rebeco, trata el otro, con eso de
salvar al Estado o al príncipe y hacer méritos para una
buena gratificación. De modo, pues, que la caza del hombre es
superior a la otra.>> (Un asunto tenebroso, pág.
111).
<<Del
mismo modo que un naturalista coge el más magnífico de
los lepidópteros y lo clava sobre el algodón con una aguja,
la señora de Maufrigneuse había quitado el amor de su
corazón...>> (Los decadentes, pág. 119)
<<Diana
lanzaba tres dardos en cada palabra: humillaba, ofendía, hería
ella sola, delmismo modo que diez salvajes saben herir cuando quieren
hacer sufrir a su enemigo, atado a un poste.>> (ídem.,
pág. 126)
<<Las
miradas estaban cargadas como las pistolas, y el menor chispazo podía
hacer brotar una disputa.>> (Ilusiones perdidas, pág.
433).
Quand on est voleur et qu’on est aimé pour une honnête
femme, ou elle devient voleuse, ou l’on devient honnête
homme. (Splendeurs et misères..., pág. 129)
Alusiones
pictóricas, o a cualquier otro tipo de arte
<<hizo
surgir en el corazón de Eugenia las emociones de suave voluptuosidad
que causan a un joven fantásticas figuras de mujeres dibujadas
por Westall en los álbumes ingleses, grabadas a buril por Finden.>>
(Eugénie Grandet, pág. 48).
<<David
Sichar, este buey valiente e inteligente, como el que los pintores dan
por compañero al evangelista...>> (Ilusiones perdidas,
pág. 477)
(alusión
literaria): <<Eugenia no tardó en convertirse
para él en el ideal de la Margarita de Goethe, pero sin haber
cometido la falta.>> (ídem. pág. 138)
<<como
uno de esos ángeles que atraviesan las viñetas de Lamartine>>
(Los decadentes, pág. 134).
<<Una
de las glorias de Molière es...>> (ídem., pág.
118)
(alusión
a la música): <<Si hay algo que puede probar el
inmenso poder de la Música, ¿no es esa sublime traducción
del desorden, de las penurias que nacen de una vida exclusivamente voluptuosa,
esa aterradora descripción de la resolución de jugar con
las deudas, con los duelos, con los engaños? Mozart es, en tal
fragmento, el afortunado rival de Molière.>> (ídem.,
pág. 115)
París,
ciudad criminal, centro del mundo
(un tema que incluye varios motivos, aquí la hipérbole):
<<Carlos
era un hijo de París, habituado por las costumbres de París
y por Anita misma a calcularlo todo. Era un viejo con apariencias de
joven y había recibido la espantosa educación de ese mundo
en que se cometen en una noche, de pensamiento y de palabra, más
crímenes que los que castiga en un año el Tribunal de
una Audiencia. (Eugénie Grandet, pág. 125)
Cotenson était un homme, un homme parisien. À son aspect,
vous eussiez déviné de prime bord que le Figaro de Beaumarchais,
le Mascarille de Molière, les Frontin de Marivaux, et les Lafleur
de Daucourt (Splendeur et misères..., pág. 126).
París
versus la provincia
Du Crossier había calculado su venganza como las gentes de provincia
lo calculan todo. Nadie mejor en el mundo que los campesinos y los provincianos
para estudiar a fondo sus asuntos en todos los sentidos. (Los decadentes,
pág. 113)
<<...
en provincias, donde se agitan las ambiciones judiciales, ven París
como meta, aspiran a brillar en ese vasto teatro donde se tratan las
grandes causas polémicas...>> (ídem., pág.
154)
Sentencias
que van de lo divino a lo humano, la historia, los grandes hombres
(con entonación enfática):
¡Espantosa condición humana! No hay dicha que no se funde
en la ignorancia (Eugénie Grandet, pág. 41)
<<La
miseria engendra la igualdad. La mujer tiene una cosa en común
con los ángeles, y es que los desgraciados le pertenecen>>
(ídem., pág. 106).
<<Un
escritor toca tantas llagas al convertirse en analista de su tiempo...>>
(primera página de Los decadentes).
<<...para
ocultar la verdad bajo un cúmulo de inverosimilitud y de cosas
absurdas; pero, haga lo que haga, ésta asomará siempre,
al igual que una vid mal arrancada vuelve a crecer con vigorosos brotes
a través de un viñedo arado.>>
<<Nada
de esas dudas que Richelieu no confiaba más que al padre José,
que Napoléon ocultó a todo el mundo>> (Los decadentes,
pág. 119)
<<Aquella
frase: “Ya os seguiré”, fue dicha como la hubiese
declamado en esa época la Mars (gran actriz dramática
de la época) para hacer estremecer a dos mil espectadores.>>
(ídem., pág. 119)
Lo
sublime
<<Hay
corazones sublimes a los cuales la gratitud parece un pago enorme y
que prefieren la dulece igualdad de sentimiento que dan la armonía
delos pensamientos y la fusión voluntaria de las almas.>>
(Los decadentes, pág. 19)
La
ciencia
<<Entre
las diversas facultades que los fisiólogos han observado en las
mujeres, hay una que tiene un no sé qué de terrible...>>
<<... la lucha de dos seres que Buffon no reconocía existentes
más que en el hombre>> (Los decadentes, pág.
117).
Nómina
de personajes ilustres reunidos
en
Ilusiones perdidas: <<... y luego a cenar en casa de
la señora Val-Noble, en donde Lucien encontró a Rastignac,
Bixieu, Des Lupeauls, Finot, Blondet, Bignon, el barón de Nucingen,
Beaudenord, Philippe Bridau, Conti, el gran músico, y a todo
el mundo del arte de los espectáculos...>> (pág.
364).
<<A casa de la señorita Des Touches, quien daba una gran
fiesta en donde debía encontrar a Des Lupeaulx, Vignon, Blondet,
la señora de Espard y la señora de Bargeton.>> (pág.
448)
etc.,
etc.,