EL PASTICHE:
Proust sobre Balzac

Doctorado en Literatura Comparada, curso 1995-1996

abajo

Presentación

El siguiente trabajo se apoya en un buen número de citas que nos permitirán hacernos una idea acerca del (género) pastiche, sus características como ejercicio literario y las intenciones que determinaron a Marcel Proust a realizar sus muy logradas parodias de autores tan celebrados como Balzac, Flaubert, Renan, Edmond de Goncourt y Michelet y que, haciendo alarde de un sentido del humor y de una conciencia precisa de lo que a su juicio debe ser un pastiche, realizara la crítica de uno de sus propios textos <<pasticheados a la manera de Sainte-Beuve>>, autor por quien sentía especial aversión.

El trabajo se refiere exclusivamente al pastiche dedicado a Balzac. La elección se ha basado en la posibilidad de acceder fácilmente a la obra de este autor y a lo extenso de su producción. Balzac, con todos sus defectos, es un autor ameno. Dedicarme a él era una buena ocasión de recuperar su insólita visión del siglo XIX.

Los puntos en los que me detengo más se refieren a la definición del pastiche como crítica y como homenaje, que toma como objeto al autor imitado; las características esenciales del género y, por último, el comentario de los aspectos distintivos del estilo de Balzac según Proust. Al final he añadido un índice de citas extraídas de diversas novelas (y todo ello, cumpliendo el precepto fundamental de Proust: que no hubiera cita literal del autor imitado), citas en las que queda demostrada la similitud clarísima entre las frases destacadas y el pastiche de Proust, es decir, el acierto en su composición.


UNA FORMA PARTICULAR DE IMITACIÓN

El pastiche es un género considerado menor, un puro divertimento en el mejor de los casos, un ejercicio de estilo, un afilar la pluma por parte del autor a cuenta de sus genios literarios preferidos o denostados. Ni siquiera los autores que, como Proust, obtuvieron un éxito rotundo con su serie de pastiches dedicados a los autores fetiche de su época concedieron demasiada importancia al género. Ese desinterés, o interés muy relativo, explica que no exista el estudio crítico correspondiente, como suma en clave de reflexión a lo que se había decidido escribir por diversión.

La publicación en volumen con el título de Pastiches et mélanges, no se produjo hasta junio de 1919, coincidiendo con la publicación de À l’ombre des filles en fleurs (por la que se le concedería el Premio Goncourt de ese año y de una nueva edición de Du côté de chez Swann. Hacía más de diez años que Proust tenía la intención de reunir en un volumen las <<mélanges>>, que él llamaba <<artículos>>, a los que deseaba añadir los pastiches, que de ningún modo quería publicar de forma independiente.

El pastiche como crítica y como homenaje

<<Las parodias de Proust son las más divertidas y más profundas de la literatura francesa. Y también serían las más crueles si su autor no rindiera en ellas sincero tributo al genio o talento de la víctima de su ingenio al “ingresar en cuentas corrientes ajenas”, tal como dijo Proust, “ideas quue un más cauto administrador de sus propios bienes hubiera reservado para su caudal y firma. Sin embargo, también se advierte cierta hostilidad hacia estos escritores, pese a que Proust admiraba a todos ellos, y tal hostilidad es más profunda y aguda de lo que la mera parodia exige>>. (G. D. Painter, Marcel Proust, biografía, pág. 458.)

Proust siempre fue consciente de la ambivalente relación que une al <<pasticheur>> con el autor <pastiché>. No es la necesidad de legitimar su actividad, sino la de explicar qué le había animado a dedicarse a ella durante un tiempo lo que le llevó a afirmar ante Robert Dreyfus, el 18 de marzo de 1908: <<Descubrí que hacer crítica literaria práctica resultaba divertidísimo.>> (ídem.)

Painter observa que la crítica práctica del pastiche tiene una naturaleza distinta de la practicada por Proust hasta el momento: <<su crítica era, al menos temporalmente, muy distinta de aquella definición que había hecho constar en La Bible d’Amiens, en donde dijo: <<Ayudar al lector a recibir plenamente la impresión de las características distintivas de un escritor, poner ante sus ojos una serie de rasgos idénticos que le permitan darse cuenta de las esenciales cualidades del genio del autor, debe ser la tarea primordial de todo crítico.>> (...) en 1908 (Proust) emprendió la tarea no sólo de poner de relieve estas “características distintivas”, sino también la de darles carácter risible.>> (Idem.)

En efecto, si Proust <<se livre aux pastiches, c’est pour amusement de faire la critique littéraire, amusement de faire la critique littéraire en action. Le pastiche n’est au fond que la conclusion naturelle d’une lecture avertie, qu’il doit se proposer pour bout (mais qu’il utilise comme moyen) la découverte de traits généraux par lesquels les écrivains se distinguen les uns des autres.>> (Gallimard, Pléiade, pág. 685.)

En todo momento defendió Proust las virtudes “purgativas” del pastiche. En su ensayo, À propos du Style de Flaubert, publicado en la Nouvelle Revue Française, en enero de 1920, Proust explica cuál era la finalidad última de los pastiches: <<En el caso de los escritores gravemente intoxicados por Flaubert, jamás recomendaré con el suficiente encarecimiento la purgante y saludable virtud de la parodia; es preciso que hagamos una parodia a plena conciencia, para evitar malgastar el resto de nuestras vidas escribiendo parodias involuntarias.>> (Ídem.) Observación a propósito de Flaubert que se hace extensible al resto de autores de estilo demasiado evidente, como Balzac, Goncourt, etc.

Y continuando en esta caracterización de la parodia como ejercicio de crítica literaria activa, es acertada la observación de Gérard Génette: <<La imitación satírica comporta, pues, inseparable de ella, puesto que define la idea que tiene de las “condiciones” de su propio ejercicio, un ideal de estilo.>> (Palimpsestos, pág. 117.)

Aunque resulta difícil resumir en pocas líneas en qué consiste el estilo según Proust, es posible determinarlo, en cierto modo, por eliminación. Sus propias palabras al referirse a Balzac resultan ilustrativas:

<<Le style est tellement la marque de la transformation que la pensée de l’écrivain fait subir à la réalité, que, dans Balzac, il n’y a pas à proprement parler de style (...) Dans Balzac coexistent, non digérées, non encore transformées, tous les élément d’un style à venir qui n’existe pas. Ce style ne suggère pas, ne reflète pas: el explique.>> (en Sainte-Beuve et Balzac, Gallimard, Pléiade, pág. 269).

En su pastiche, Proust demostraría esta ausencia de estilo característica de la escritura balzaciana, al tiemp que exhibiría un conocimiento pormenorizado de los rasgos distintivos del autor de la Comédie humaine, a quien dedica un prolongadísimo homenaje a lo largo de la Recherche...

En el periodo en que escribía los pastiches, Proust estaba dedicado a su obra novelesca, pero aún no se consideraba dueño al ciento por ciento de su estilo.

Éste <<todavía no se había independizado plenamente (...). Así pues, parece que los peligros de la imitación, que había sabido conjurar en otros aspectos de su actividad literaria, todavía tenían fuerza formidable en el campo de las narraciones inventadas.>> (Painter, pág. 459.)

Las parodias proustianas <<forman parte de una serie de avances hacia el libre ejercicio de su talento literario (...). Las parodias fueron el antídoto contra las toxinas de la admiración.>> (Gallimard-Pléiade, pág. 459.)

Lo importante es que este ejercicio es una exhibición y que, por lo tanto, no se trata de ofrecer una obra terminada sino demostrar que se conoce al autor. El pastiche puede ser, en consecuencia, un breve fragmento de una fingida obra del autor imitado, como sería el caso del dedicado a Balzac: <<ces traits généraux en permettant au lecteur de multiplier à l’infini les ressemblances, dispensent l’auteur de les additioner>>. (Gallimard-Pléiade, pág. 685.)

El pastiche se ofrece como una <<incitación>> a la lectura del autor imitado-parodiado. <<Les pastiches ne servent uniquement à faire la preuve qu’un lecteur --ou un critique-- a compris l’oeuvre d’un grand écrivain. Ils témoignent à leur manière de l’admiration que ce dernier doit normalement susciter puisqu’il apprend aux autres à découvrir une vérité qui se situe au-delà des livres, la vérité qui est en eux-mêmes.>> Insistimos en lo dicho anteriormente: se trata de una lectura <<avisada>> mediante la cual se realiza la crítica implícita del autor, pero se destaca también esa verdad continuada que ofrece en su producción literaria. El pastiche, como corresponde a cualquier clase de parodia, aumenta el énfasis que impone en cada uno de esos detalles.

Mecanismo y función del pastiche

Según el Dictionnaire Robert: <<est une oeuvre littéraire ou artistique dans laquelle l’auteur a imité, contrefait la manière, le style d’un maître (...) le plus souvent par jeu, exercice de style ou dans une intention parodique, satirique.>> (esta nota y las siguientes proceden de la <<Notice>> dedicada a los pastiches en Gallimard-Pléiade, págs. 688 ss.)

La intención de Proust al escribir los pastiche es <<crítica y creadora>>:

<<Ils révélent une exploitation systématique et parfaitemente consciente d’une estructure littéraire et stylistique.>>

<<El pasticheur interpreta como una estructura de hechos redundantes del modelo y (...) gracias al artificio de un nuevo referente reconstruye esta estructura más o menos fielmente, según el efecto que haya querido producir en el lector.>>

Gracias al referente <<explícito>> (el affaire Lemoine en este trabajo), los pastiches aparecen <<como variaciones sobre un mismo tema subrayando las diferencias existentes entre los modelos en los géneros practicados (la novela, el diario, la crítica literaria), los temas favoritos (las intrigas de sociedad, en nuestro trabajo), las tendencias estilísticas, la organización del contenido (capítulos plagados de digresiones), los modos de expresión (grandilocuencia, moralismo, etc.)>>

La deformación es un procedimiento característico del pastiche. La concentración de rasgos; la <<disparidad burlesca entre los caracteres reales de un objeto y la actitud mental adoptada para describirla>> y los anacronismos son los aspectos más definitorios.

A nivel de estilo, hay pastiche cuando hay <<reconocimiento>> de un rasgo propio del modelo anunciado al lector, que es, por lo tanto, previsible. El pastiche es un guiño al lector familiarizado con el autor imitado. Este reconocimiento viene facilitado por <<la pertenencia de los esquemas de expresiones tomados a lo que tradicionalmente se ha llamado la “lengua del autor”>>.

Genette, en su brillante Palimpsestos. Literatura en segundo grado, recorre la historia del pastiche, señalando que <<los autores de pastiches vulgares llenan sus imitaciones de efectos cómicos y satíricos suplementarios: calambures, anacronismos, alusiones malintencionadas a la persona y a la obra del autor modelo, juego paródico sobre los nombres de los personajes, etc.>> (pág. 108). No es este el caso de Proust, pues en sus intervenciones <<se abstiene de cualquier apreciación marginal negativa. La oposición entre estas dos prácticas --satírica y no satírica-- es esencialmente de orden pragmático, metatextual e ideológico”. (Genette, pág. 108.) En su actitud se advierte simpatía, admiración e ironía: <<El pastiche no es ni puramente satírico ni puramente admirativo (...) burlarse de una forma de amar, y (...) la ironía (...) no es más que un rodeo de la ternura.>> (Genette, pág. 145.)

Uno de los aspectos más dignos de mencionar del verdadero pastiche es que <<el lector percibe al mismo tiempo un parecido y una diferecia, esta última proviene de una concentración insólita de “figuras características del modelo”. Existe, pues, una discordancia entre forma y contenido, se produce un verdadero “desvío de la expresión”. Finalmente, en esta “inflación verbal”, en esta “invención” se combinan dos estilos, el del “pasticheur” y el del “pastiché”. En el caso de Proust, podemos preguntarnos si la parte del “pasticheur” no es más importante que la del pastiché; pero la respuesta es que en el dedicado a Balzac, la presencia de Balzac es ostensible.

La afición a este género por parte del autor de À la recherche, está repetidamente documentada. Las razones que se aducen para explicarla son, sin embargo, muy diversas.

Los autores de la edición de la Pléiade, Yves Sandre y Pierre Clarac, señalan que Proust tenía tendencia a la imitación de todo tipo; en cartas privadas se complacía en imitar el estilo de algunos amigos escritores o supuestos escritores: una tendencia (o disposición) es todavía muy visible hasta 1914. <<On peut donc dire que Proust a composé des pastiches pendant vingt ans, et qu’il a pastiché des écrivains de toute nature et de toute tendance.>> (Pléiade, pág. 688, nota 1 a Pastiches.)

Y aún van más lejos en sus afirmaciones, adelantando esta explicación, tal vez divertida como caracterización del autor, pero difícilmente asumible sin más:

<<Caracteriológicamente es un emotivo-no activo-secundario de sensibilidad excepcional, reforzada por una polaridad venusiana muy clara, que aparece en una extrema permeabilidad a todas las influencias. <<Ne disons pas que Proust s’adonne aux pastiches par ce qu’il est homosexuel, mais disons que son inversion et sa tendance au pastiche sont symptomes concordants d’un état de “déséquilibre” psychosomatique. (...) Proust aspire à se debarraser, à se délivrer de cette tendance facheuse pour un écrivain, à enregistrer trop profondement les influences étrangères.>> (pág. 690.)

Personalmente, prefiero la interpretación que da Genette: <<La capacidad mimética y el “demonio de la analogía” se reducen a una sola y misma aptitud para percibir y producir las semejanzas. El pastiche no es tanto para Proust una práctica accesoria, mera catarsis estilística o simple ejercicio pre-novelesco: es, junto con la reminiscencia y la metáfora, una de las más privilegiadas (...) de su relación con el mundo y el arte.>> (Genette, pág. 145.)

En definitiva, se trata principalmente de un ejercicio de crítica y de autocrítica. <<Il faut se purger du vice d’idolatrie et d’imitation>> (p. 690, Pléiade). Una acción catártica por la cual el <<pasticheur>> se presenta a cara descubierta ofreciendo su imitación del autor, al que al mismo tiempo admira y critica, mediante un ejercicio de distanciamiento.

En cuanto a la cronología, el momento en que tuvo lugar la redacción de los pastiches corresponde a un periodo de búsqueda después de fracaso técnico de <<Jean Santeuil>>. Su búsqueda se centraba en una estética y en una <<expresión>> eficaces.

En efecto, <<tout se passe comme si Proust avait entrepris de se forger, par élimination et réflexion, un instrument stylistique qui ne doit rien à ses illustres modèles.>> En resumen, quería agotar el estilo del autor admirado-criticado para emprender, libre de influencias, la propia obra.

Además de la diversión que le procuran, los pastiches nos interesan por la idea que nos brinda de un Proust “juguetón”, distinto del supuestamente grave autor de uno de los “monumentos” de la literatura europea. Ello no impide que la reflexión que el autor haga a propósito de los pastiches sea de orden estrictamente literario, en relación al control conseguido gracias a ellos sobre su escritura: su mérito no sería otro que dejar de hacer en adelante pastiches <<más o menos involuntarios>> en las obras publicadas con su firma.

La publicación de Pastiches et mélanges mereció una acogida entusiasta de la crítica. Proust fue declarado superior al resto de los “pasticheurs”. Henri Vianant en Les Échos parisiens (5 de octubre de 1919) afirmaba: <<Il ne s’agit pas de faire ressemblant: il faut faire drôle. Un bon pastiche doit valoir une page de critique.>> (Pléiade, pág. 692.)

El pastiche dedicado a Balzac apareció en el <<Supplément littéraire>> de Le Figaro, el 22 de febrero de 1908.


COMENTARIO AL PASTICHE DEDICADO A BALZAC

El asunto y los motivos que animaron a Marcel Proust a escribir los pastiches aparecen relatados de la siguiente manera en la excelente biografía que George D. Painter le dedica:

<<En enero de 1908 uno de esos fraudes que, debido a la desvergüenza del estafador y la dignidad del estafado, resulta más cómicos que deplorables, hizo las delicias de los parisinos. Sir Julius Wernher, director general de Beer’s, la gran sociedad dedicada a la explotación de minas de diamantes, había conocido tres años antes, en Londres, a un técnico electricista francés, llamado Lemoine, quien le aseguró que había descubierto, en mala hora, un método para fabricar diamantes.

>>Para ello tan sólo necesitaba un horno, un crisol, carbón común y mucho dinero. Tras haber sido testigo de un experimento en el que Lemoine dio la impresión de “fabricar” un diamante pequeño pero auténtico, sir Julius le fue entregando, con harto dolor, diversas sumas, que alcanzaron el total de 64.000 libras esterlinas. De vez en cuando, Lemoine le mostraba nuevos diamantes, pero jamás consintió en revelar su fórmula. Entonces, sir Julius decidió recurrir a los tribunales de justicia. El día 9 de enero, Lemoine fue interrogado en presencia de su abogado, por el juez Le Poittevin; el abogado Lemoine era nada menos que el gran Libori, el defensor de Dreyfus. Inmediatamente, el “affaire” de los diamantes adquirió notoriedad mundial. El plan de Lemoine consistía en hacer público su descubrimiento, comprar acciones de la sociedad De Beer’s cuando se produjera la tremenda baja que el anuncio del nuevo procedimiento causaría y, luego, vender las acciones con inmensos beneficios, tan pronto el mercado volviera a normalizarse. Los diamantes “fabricados” por Lemoine fueron identificados por los joyeros como aquellos que la esposa del estafador había adquirido en sus tiendas. La investigación judicial y la cotidiana diversión de los lectores de los periódicos se prolongó hasta el mes de marzo.

>>Al principio del asunto, Proust se alarmó un tanto, por motivos de carácter puramente personal. Desde el verano en que murió su madre, Proust había jugado a la Bolsa, a menudo con provecho, y parte de su capital estaba invertido en acciones de la De Beer’s. Pero no tardó en llegar el momento en que el aspecto cómico del asunto puso en marcha la imaginación del escritor. El “asunto de los diamantes” le parecía, tal como había dicho Madame Straus con respecto al affaire Dreyfus, un fragmento de Balzac. En realidad, parecía un fragmento de Flaubert, de Michelet, del Journal de Goncourt, o de casi cualquier escritor. Pero debido a que le resultaba imposible tratar con seriedad este tema, cualquier literato que lo hubiese intentado habría puesto de relieve sus puntos más débiles.

>>El año de los diamantes, la parodia parecía estar de moda. Charles Milles y Paul Reboux (...) habían publicado un divertido pero superficial volumen de imitaciones cómicas tituladas “À la manière de...” que habían sido uno de los grandes éxitos de la temporada literaria, y que los lectores de Le Figaro conocían debido a que este periódico había publicado un largo extracto del mismo en el número dee 26 de enero de 1908. Así pues, no fue de un modo “puramente accidental”, según dijo Proust años después, que éste eligió <<una noche este trivial caso jurídico como único tema de una serie de piezas literarias en la que procuró imitar el estilo de diversos escritores>>. El primer grupo de autores imitados estaba formado por Balzac, Émile Faguet, Michelet y Edmond de Goncourt, y la colaboración fue publicada en un suplemento literario de Le Figaro, el 22 de febrero de 1908; en el segundo grupo se encontraban Flaubert y Sainte-Beuve, y el artículo apareció el 14 de marzo; y la tercera colaboración, aparecida el 28 de marzo, estaba dedicada a Renan.>> (<<Purificación mediante la parodia>>, en Marcel Proust. Biografía, Barcelona, Lumen, 1989, págs. 457-472.)

Todo el texto sobre <<el affaire Lemoine según Balzac>> es un divertido ejercicio de reconocimiento de las mejores cualidades y los peores defectos de Honoré de Balzac.

El texto en cuestión está planteado como un episodio inacabado en el que se nos relata el <<affaire>>; pero, tal como es habitual en Balzac, los pormenores relacionados con los personajes que van apareciendo en la reunión y los vínculos declarados o secretos que unen a unos con otros dilatan el punto culminante que, al menos en teoría, debería ser la explicación detallada del caso. Según nos muestra Proust, Balzac necesitaría muchísmas páginas para llegar al final del asunto.

En mi comentario señalaré los rasgos característicos de Balzac tal como aparecen destacados en el pastiche. Como ya hemos señalado en las notas precedentes, lo definitorio es la acumulación de rasgos característicos del autor imitado, hecho que provoca la hilaridad, de modo muy parecido a lo que ocurriría si una persona se decidiera a mostrar todos sus tics sucesivamente.

La presentación: una característica esencial balzaciana es la localización temporal de la escena y las situación más habitual: una reunión social (un de ces routs) que congrega a la crème de la sociedad parisina (cuando Proust reúna al mismo grupo social, la aristocracia del Faubourg Saint-Germain la llamará le gratin): l’élite de l’aristocratie parisienne.

No de otra manera arranca Esplendores y miserias de las cortesanas:

- En 1824, au dernier bal de l’Opéra...

Sigue la relación, es decir la nómina de personajes ilustres que ha acudido: <<de Marsay, Rastignac, el conde Felix de Vandenesse, los duques de Rhistori y de Grandlieu, el conde Adam Langski, mme. Octave de Camps y lord Dudley>> entre otros.

Desde el principio del texto se sugiere la serie infinita de <<intrigas soterradas>> --<<sans exciter pourtant la jalousie de la marquise>>- que vinculan a unos con otros y cuya profundidad permite a un observador del calibre de Balzac escribir ese fresco titulado La Comédie Humaine.

Las reflexiones de índole moral sobre el comportamiento en sociedad del que Balzac considera el grupo humano más importante (el resto de la Humanidad queda totalmente relegada a un segundo plano en comparación con la aristocracia parisina, <<la plus élégante de l’Europe>>).

Evidentemente, la hipérbole es un rasgo típico de Balzac que Proust, según las reglas implícitas del pastiche, lleva a sus últimas consecuencias a fin de proponer una lectura crítica sacando partido a la comicidad de las expresiones típicas de Balzac.

<<La grandeza de Balzac queda tan certeramente insinuada con su vulgaridad moral y su siempre latente tendencia al absurdo>> comenta en su biografía Painter (págs. 457 y 458), comentario que queda ilustrado precisamente por estos ejemplos del uso de la hipérbole: <<cette carmélite de la réussite mondaine>> (capaz de sacrificarse para que su salón brille en todo París...)

-- n’est--elle pas en cela l’égale de la sainte? Y, como consecuencia a estas reflexiones, sólo puede colegirse que Ne mérite-t-elle pas sa part, si chérement acquise, du paradis social?

La cita siguiente, entresacada de la novela Los decadentes, en que se refierer a los círculos restringidos considerados como paraíso, apoya el hallazgo de Proust:

<<Ese paraíso de gentes de justicia admite pocos elegidos...>> (pág. 154)

La deducción <<sacrificio merecedor del paraíso>> es una estupenda parodia que nos permite reconocer más a Proust que al propio Balzac. Por supuesto, Balzac no llegaría a sumar tan exactamente dos y dos como lo hace Proust, que utiliza este procedimiento lógico para demostrar cómo funcionan las comparaciones de Balzac y, al mismo tiempo, el concepto en que el escritor tenía a la aristocracia parisina como <<paraíso social>>. No podemos pasar por alto, no obstante, que también Proust se sentía fascinado por esta clase y que toda la Recherche <<es un canto al paríso de los Guermantes. Es así como Proust hace una parodia indirecta de si mismo y de su fascinación, compartida por Balzac, aunque con menos ingenuidad que éste, de los miembros del Faubourg.

Después de la presentación en la que falta la descripción del espacio físico --Balzac suele ser parco en la descripción de espacios; suele destacar algunos detalles en lugar de describir el conjunto, a la manera de un Flaubert-- pasa a fijar su atención en la marquesa d’Espard, un personaje habitual de la Comédie humaine.

Lo importante es que conozcamos sus credenciales, su posición en la sociedad. Por lo tanto, importa que sea une demoiselle de Blamont-Chavroy; en segundo lugar, sus conexiones, sus vínculos: alliée des Navarreins, des Lenoncourt, des Chaulieu.

A continuación, el gesto de la marquesa recibiendo a sus invitados. Balzac afirma repetidamente la superioridad de la aristocracia, en su condición de depositaria de cuantos sentimientos y expresiones son indicio de una naturaleza superior. O dicho en palabras de Genette: <<El pastiche de Balzac pone de relieve sobre todo el esnobismo vulgar y la fatuidad de un autor siempre dispuesto a extasiarse ante la superioridad de las “gentes de mundo” (pág. 122). Estos indicios son a menudo tan sutiles que su “reconocimiento” nos proporcionan buenos momentos de humor: la mano que ofrece la marquesa es, como ha dicho un eminente científico, la main la plus profondement calculée qu’il lui est donnée d’examiner? (¿Qué puede querer decir exactamente “calculada”?: que la naturaleza ha realizado con cálculo extremo su hechura o que el gesto de la marquesa pone de manifiesto un profundo cálculo en sus movimientos, lo que, a su vez, trasluce el fondo de sus sentimientos?

Sea como fuere, lo ha dicho “Desplein”, otro habitual de la Comédie. Y dado que en la obra de Balzac no tiene cabida la pacotilla, ni intelectual ni moral, sino que todos los personajes son magníficos, en su bondad como en su perfidia, Despleins es le plus grand savant de notre époque, sans excepter Claude Bernard.

Esta forma de presentación de un personaje secundario es habitual en Balzac, y Proust la repetirá una vez tras otra para poner de relieve lo que hay en ella de cliché, de pensamiento-fórmula. Ya hemos podido observarla en el primer aparte del pastiche; al citar a M. De Talleyrand, ce Roger Bacon de la nature sociale, qui fut évèque de Bénèvent. La fórmula es como sigue:

ese + nombre ilustre convertido en arquetipo + de la ciencia (social u otra) + que fue o hizo esto o aquello digno de mención...

Proust ha dejado escrito que Balzac acostumbra a ilustrar al lector con todos los conocimientos acerca de tal o cual detalle y que, sin tener en consideración el ritmo de la frase o de la reflexión que desarrolla, no pone reparos en acumular la información de que dispone, venga o no a cuento. De ahí la frase que Proust se regocija en añadir que el médico Desplein avait été élève de Lavateur, del mismo modo que Talleyrand fue évèque, etc.

Lo mismo cabe decir a propósito de cualquier otra información que juzgue pertinente incluir, como la que se refiere a las zapatillas de madame Firmiani, que comentamos más adelante.

Por fin, <<la acción>>: la atención del narrador se olvida del besamanos porque tout à coup, la porte s’ouvrit, dando entrada a un novelista, por supuesto insigne. La galería de celebridades y notables de la Comédie sólo sería superada por la que reuniría su discípulo aventajado: el propio Proust.

Daniel d’Arthez posee una naturaleza excepcional, que queda expresa en un detalle insignificante sólo en apariencia, como son sus pasos sobre el suelo: la sonorité spéciale du pas des homes supérieurs sólo es discernible por alguien como un <<físico del mundo moral>> (que cabría traducir como un novelista, un filósofo, un magistrado o un poeta), que reuniera las cualidades de Lavoisier --conocido del común de los lectores-- y de Bicho --menos conocido: Balzac-Proust nos ilustra: <<el creador de la química orgánica>>. Es preciso señalar que es ¡cuarto! sabio que aparece--. La referencia alas artes visulaes supone una de las variantes del ennoblecimiento de cualquier afirmación hecha por el autor: es el recurso a las autoridaddes. Así, cuando se refiere a Raphaël, <<Proust le hace decir de su “Fornarina” que la plus saillante de ses toiles, qui le place au-dessus d’Andrea del Sarto dans l’estime des connaisseurs.>>

Pero volvamos a la alusióna Bichot. Est detalle merece que nos detengamos, ya que, aunque es tan balzaciano como los que le siguen, éstos resultan más fácilmente reconocibles, porque aparentemente evocan al autor “pastiché” de forma más directa.

A Balzac le gusta demostrar que está al día de los adelantos más significativos de la ciencia, y no sólo eso; que sus textos son una destilación de múltiples y variadas lecturas, que vienen a añadirse de manera natural a su gran penetración, a su capacidad de observación del mundo moral; y entiéndase por “mundo moral” el conjunto de actos que realiza una porción de seres representantivos de los más exquisito de la Humanidad, localizable por voluntad de Dios, en París.

Con todo, las comparaciones hiperbólicas constituyen el detalle más determinante del estilo de Balzac. En el pastiche que comentamos se acumulan de frase en frase. La perosnalidad del escritor se muestra grandilocuente y sobreabundante como su fisonomía nos ha acostumbrado a creer.

Seul pouvait marcher ainsi un sublime (uno de los adjetivos favoritos del autor; véase nuestro apéndice de citas) génie ou un grand criminel. El gigantesco salto cualitativo entre ambas figuras (genio/criminal) es una buena ocasión para realizar otras tantas volteretas, llevando al extremo la comparación. Este procedimiento permite al narrador poner de manifiesto su propia genialidad; la grandilocuencia añade una comicidad involuntaria que nos resulta muy regocijante.

Le génie n’est-il-pas d’ailleurs (es la palabra importante, “acaso”, “por otra parte”) une sorte de crime contre la routine du passé que notre temps punit plus sévèrement que le crime même. Y, pirueta final, donde se mezcla la reflexión filosófica y la crítica social: puisque les savants meurent à l’hôpital qui est plus triste que le bagne.

La acción propiamente dicha se retrasa porque el narrador debe ponernos en antecedentes de las complicadas relaciones existentes entre los distintos personajes y, por ello, de todas las implicaciones que se acumulan en la mínima inflexión de sus voces, en el más insignificante de sus comentarios.

D’Arthez es para la marquesa l’amant qu’elle espérait bien enlever à sa meilleure amie (nosotros, lectores, somos ya partícipes de una intriga que amenaza a la pobre princesa). Esta mínima dosis de entregan que se nos ofrece de frase en frase legitimaría comparaciones como la ya comentada entre el genio y el criminal y todas aquellas en las que la sociedad es un reflejo ampliaado de un círculo criminal. Así, Athenaés, es decir, la marquesa, ne se sentait pas de joie en voyant revenir chez elle l’amant..., si bien sabe guardar la calme impénétrable que possèdent les femmes de la haute société au moment même où elles vous enfoncent un poignard dans le coeur.

Comentaremos estos dos aspectos: el “uso de los nombres propios” para aludir a personajes de la aristocracia era un rasgo que divertía mucho a Proust. Balzac parece querer demostrar así su familiaridad con le gratin y con sus usos: en ese restringidísimo círculo sólo se tutean los iguales. Se trata de una forma de esnobismo, al que el mismo Proust era muy sensible.

En otro orden de cosas, también muestra un apego a sus criaturas de ficción y un tratamiento folletinesco, abundante en apelativos del tipo “la pobre criatura”, “la muy desgraciada”, “la infeliz”, etc.

Y lo cómico de una comparación que lleva al extremo la similitud entre dos gestos tan distintos realizados con la misma “calma impenetrable”. Le añade comicidad: les femmes de la haute société, con el que se nos viene a sugerir la frecuencia con que estas damas se deciden a hundir “un puñal en el corazón” del prójimo. Y para acentuar el carácter risible de la hipérbole, el pasticheur-narrador se niega a suavizar la comparación proponiendo una lectura metafórica por la que se permita entender que ese “puñal en el corazón” es el del amor. No: la comicidad es más eficaz si se impone una lectura literal. Es lo que en las notas introductorias se ha definido como “disparidad burlesca entre los caracteres reales de un objeto y la actitud mental adoptada para describirla”.

Es verdad que algunas veces el mismo Balzac supera a su parodia, como en estas líneas de Esplendores (pág. 249):
Sortie du bain, (Esther), la fleur était fraîche, parfumée à inspirer les désirs à Robert d’Abrissel. Y la nota a pie de página nos aclara que D’Abrissel fue el fundador de la abadía de Fontevrault, y que ensegnait particulièrement la chasteté, et pour vaincre la chair il partageait le lit des religieuses. El humor del Balzac original no es necesariamente sutil, pero es rotundamente eficaz.
Por su parte, el gran D’Arthez se expresa con cet enthousiasme des penseurs qui paraît ridicule au milieu de la profonde dissimulation du grand monde.

Hasta el momento, se han ido sumando numerosas alusiones a las acciones e intrigas más emblemáticas de la Comédie Humaine. Y la acción hasta estas líneas puede resumirse en que Athenaés, la anfitriona, saluda a la princesa (Mme. De Cadignan, o Diane) señalando la presencia inesperada del escritor D’Arthez (su futuro amante y amante actual de su interlocutora, que es también su mejor amiga). Le comunica que D’Arthez debía ignorar la presencia de Diane y que el motivo de su visita puede sesr el deseo de encontrar a Lucien (de Rubempré, el gran protagonista de Ilusiones perdidas y Esplendores y miserias de las cortesanas). Su malevolencia, ya que Lucien había abandonado a Athenaés, no inmuta a la marquesa, quien cree vengarse de su antiguo amante tachándolo de chusma: ces gens-là, declarando que su suerte no podería ser otra que la del petit d’Esgrignon. Y por si no sabemos qué suerte es esa, se nos indica que leamos su novela le Cabinet des Antiques, autorreferencia abundante en la serie de la Comédie, concebida como un fresco que remite de un episodio a otro a las sucesivas avnturas de los personajes que se van turnando en el protagonismo de la acción.

Como bien sabemos, la suerte de Lucien será el suicidio después de múltiples avatares que ilustran bien la tragedia de un hombre ambicioso de provincias en la ferocísima y despiadada capital.

Prosiguen las referencias al hermoso Lucien. Una extraña al círculo realiza una observación inconveniente: que Lucien está comprometido con una joven perteneciente a una de las mejores familias del Faubourg: se trata de Clotilde de Grandlieu (su descripción aparece en Splendeurs et misères... según queda recogido en el apéndice posterior).

La concentración de rasgos característicos del pastiché explica que la presentación de la vizcondesa de Beauséant sea la ocasión de introducir otros de los motivos balzacianes más señalados:

- la oposición entre París y las provincias.

En su reaparición dans le monde, la vizcondesa se jacta de transmitir una noticia que sólo es fresca para ella. Lo cierto es que todo el mundo conoce el noviazgo de Lucien y de Clotilde y le hacen notar que es inconveniente referirse a él en presencia de madame de Sérizy (Sérisy, en Spledeurs...)

Y la pobre vizcondesa, al querer rectificar su error, cometerá otros sucesivamente. Madame de Sérizy está muy unida a Lucien (il est le favori intime actuel de madame de Sérisy se lee en Splendeurs... pág. 163), y por mucho que la princesa trata de arreglarlo afirmando que todo el mundo considera muy seductor a Lucien (de quien la duquesa de Grandlieu, madre de Clotilde, afirma que es beau comme un rêve, en la misma novela, pág. 13), la pobre vizcondesa yerra de nuevo el tiro, de forma que el pobre muchacho queda convertido en un seductor de mujeres maduras (pas séduisant... du moins pour une jeune femme).. como seguramente lo es la Sérisy.

Antes de entrar en el affaire Lemoine, aún se detiene Proust en sumar dos detalles:
-el tema de los criados y la jerga del barón Nucingen.
Si bien los comentarios o las descripciones que reflejan una observación detallada del mundo de los criados es más propia de Proust que de Balzac, podemos leer la siguiente frase, a considerar como un nuevo pretexto para señalar la superioridad de este círculo social a través de un rasgo que no llega a explicar en qué consiste: Paddy, el mayordomo, se tenait devant lui avec l’immobilité spéciale à la domesticité du Faubourg Saint-Germain. La inmovilidad aparece magnificada por el adjetivo spéciale que, a su vez, define y permite reconocer a la domesticité du Faubourg Saint-Germain.

-La jerga de Nucingen.

Si existe un personaje fácilmente reconocible entre los cientos que pueblan la Comédie Humaine, éste es el banquero Nucingen, protagonista de La maison Nucingen, y personaje importantísimo por su relación con Esther en Esplendores y miserias de las cortesanas. Su jerga ofrece un alto rendimiento cómico, difícilmente despreciable para un pasticheur. Su habla es la transcripción de l’affreux patois du juif polonais. Balzac podría haberse inspirado en el también barón (y también banquero) James de Rothschild, a quien el marqués de Bonneval dans ses Mémoires anecdotiques fait dire à James de Rothschild, lorsqu’il aperçoit l’un de ses amis: “Ah, foila mon bedid Septeuil”. (Nota I en pág. 155 de Splendeurs...). Se trata de la misma alteración de los fonemas: las “v” aparecen cambiadas en “f”; las “p” en “b”, las “t” en “d”, “j”, en “ch”, “c” en “g”, etc. En el fragmento que comentamos, Nucingen se limita a ejercer de palurdo social, pese a sus habilidades financieras.

¡Y por fin el affaire Lemoine!

D’Arthez, con la pompa de expresión que le define, comunica el gran descubrimiento. Dirigiéndose a madame de Sérizy con una expresión que una vez más sirve para que reconozcamos la disparidad entre el gesto, el contexto en que éste se lleva a cabo y la grandilocuente reflexión con que nos ilustra Balzac-Proust:

cet effrayant sang-froid qui peut triompher des plus grands obstacles. Hasta aquí no vemos qué gran obstáculo se le opone a D’Arthez, aunque ya estamos capacitados para comprender que, participando de la misma sangre fría con que la otra se dedicaba a clavar puñales en corazones ajenos, el insigne D’Arthez es un ejemplar legítimo del gran mundo.

Le sang froid es algo de lo que los personajes de Balzac echan mano a menudo:
En Los decadentes, (traducción españolas del Cabinet des Antiques) se puede leer: <<La sangre fría de la señora Bargeton calmó las lamentaciones de la nobleza, acallándolas bruscamente. Las almas nobles siempre están dispuestas a transformar una desgracia en una virtud. Además, existen muchos atractivos en la persistencia de hacer un bien que se reprocha: la inocencia tiene el atractivo del vicio.>> (pág. 62).
Y en Eugenia Grandet (pág. 203): <<dijo con admirable sangre fría, nacida del pensamiento que iba a expresar>>.

D’Arthez no ha dicho gran cosa, pero parece que “a buen entendedor pocas palabras sobran”, ya que se dice de él que su expresión fue si perfidement epigrammatique, que se hace merecedor de un comentario admirativo de Paul Morand (otra eminencia que frecuenta los salones), un de nos plus importants sécretaires d’ambassade
.
Una de las espectadoras, ante la evidente superioridad del escritor y, probablemente fruto de la tensión que adivina, no puede sino sudar dans ses pantoufles, un des chefs-d’oeuvre de l’artesanie polonaise.

Varios estudiosos se han detenido en este fragmento, destacando su comicidad. Painter escribe:
<<Proust se había liberado del llanto y las angustias en que se sumió los dos años anteriores, y ahora reía por primera vez desde la muerte de su madre. Al leer los párrafos más cómicos de su parodia de Balzac --"Madame Firmiani sudaba copiosamente, calzada con las zapatillas que eran obra maestra de la artesanía polaca"-- nos parece oír la risa solitaria de Proust, mientras escribía, a medianoche, en su dormitorio.>> (pág. 459). Strauss también señala esta frase entre las más acertadas de la parodia: <<All of Balzac’s vulgarity and ingenousness seems to have been caught in this sentence.>> (in Proust. The Novelist as Critic, pág. 102.)

La recapitulación o resumen-sumario es un motivo propio de la novela del siglo XIX y un recurso frecuente en Balzac. No olvidemos, en todo caso, que la publicación en folletín de algunas de sus novelas obligaba al narrador a elaborar tales resúmenes de la acción pasada en los que también podía incluirse otro tipo de sumario concerniente al carácter del personaje o a la naturaleza del asunto que iba a relatar. Sea como fuere, es el autor quien decide en qué momente tiene a bien interrumpir la acción, inmovilizar a sus personajes y proporcionar a su lector los datos que necesita pour comprendre le drame qui va suivre.

En este bloque abundan los “motivos balzacianos”.
- la contextualización histórica: Se nos advierte que aquí Proust juega con los anacronismos. Las diferencias entre Francia, Alemania y el Reino Unido corresponden a otra época.

- las observaciones intercaladas relativas a los personajes. El banquero Nucingen, haciendo uso de la información privilegiada que ha obtenido gracias a sus relaciones con el ministro de Marsay, compra los títulos de renta de los que todos querían desprenderse, cuando <<los reyes de las finanzas jugaron a la baja a la noticia de una próxima movilización>>.

- disgresión sobre la historia y su peso en el destino de los hombres. La intervención siempre providencial de uno de los (muchos) hombres providenciales que pueblan Francia: aquí, la figura del mariscal Montcornet es comparada con el magnífico Napoleón (tal vez sea Balzac, después de Stendhal, uno de los autores que más veces ha evocado el genio del corso). Balzac-Proust vuelve a establecer uno de esos vínculos que unen a dos grandes hombres a los que en apariencia nada une, excepto la mirada penetrante del mismo Balzac:

- je me garderais bien d’affirmer qu’ils ne sont pas rattachés l’un à l’autre par quelque lien occulte. Digresión que le conduce otra vez a una eminencia científica (the last but not the least): Leibniz y su armonía preestablecida, en una alusión cuya pertinencia no está justificada.

-El misterio de los nombres: sir Julius Werner, el hombre estafado por Lemoine, le recuerda a Werther. Y “Werther es de Goethe”. No se ahorra referencia alguna, por estrambótica que pueda parecernos a simple vista: el asunto le recuerda el pacto que reunió a Fausto con el diablo: ne voyez-vous déjà le docteur Faust?; no sólo eso, nos hallamos ante uno de los afanes que desde la noche de los tiempos ha ocupado a los hombres: la búsqueda de la piedra filosofal. Hemos llegado al <<ennoblecimiento del asunto>>, o recurso a las autoridades al que ya nos hemos referido, tan grotesco en realidad (o, lo que viene a ser lo mismo, la búsqueda por parte de Balzac de sus propias “cartas de nobleza” por su frecuentación no sólo del beau monde sino de ese otro más espiritual y refinado de las artes. Una observación viene al caso, a través de la cual descubrimos un nuevo parentesco entre Proust y Balzac: toda la Recherche es una afirmación de las artes como redención de la vida. De una manera más pedestre, Balzac estaría manifestando la misma convicción.

Ahora bien, tratándose de Balzac no se llega ni fácil ni rápidamente al núcleo de la acción. Mientra que el método de Proust sería la llamada <<frase en arco>> mediante la cual se nos ofrece una multiplicidad de sensaciones implicadas, Balzac interviene como un tribuno que realiza un sinfín de digresiones con la que ilustra al lector. La que sigue se refiere a personajes singulares como Lemoine.

Éste es un de ces hommes extraordinaires a los que el destino (otro gran actor del fresco social que es la Comédie) puede llegar a favorecer como guía propicio: entonces un Lemoine podría ser un Geoffroy Saint-Hilaire, Cuvier, Iván le Terrible, Pierre le Grand, Charlemagne, Berthollet, Spalanzani, Volta. Pero si, como es el caso, las circunstancias no son favorables, ils finiront comme le maréchal d’Ancre, Balthazar Cleas, Pugatchet, Le Tase, la comtesse de la Motte ou Vautrin. En esta relación, se reúnen un conjunto de personajes ficticios y reales, contemporáneos e históricos.

A la naturaleza de los seres extraordinarios le sigue otra sobre la fortuna de los inventores en Francia: el gobierno francés concede escaso valor a la patente del invntor. Este desdén explica que Lemoine, quien a fin de cuentas no hacía sino buscar una salida mejor remunrada a su ingenio, exclamara al verse detenido por la policía: Quoi? L’Europe m’abandonnerait-elle? Ninguno de los presentes entiende la referencia, salvo nosotros, lectores advertidos.

En Ilusiones perdidas, encontramos un fragmento donde Balzac se explaya en sus lamentos sobre la industria francesa:

<<...nada más necesario que adaptar las papeleras a las necesidades de la civilización francesa, que amenazaba con extender la discusión a todos los ámbitos y reposar sobre una perpetua manifestación del pensamiento individual, una verdadera desgracia, ya que los pueblos que deliberan suelen obrar muy poco.>> (pág. 477)

En el último párrafo del pastiche se introduce a un nuevo --el enésimo-- personajes, cuyo papel en la acción tendrá menos relevancia y que, como todos los demás, tienen vínculso más o menos declarados con los protagonistas de la Comédie. Por este motivo se convierte en un candidato a protagonizar algún episodio fundamental de la Comédie. De ahí el aparentemente anómalo <<etc.>> que cierra el fragmento. No es, contra lo que pueda parecer, una forma de terminar del propio Proust sino un último calco de la escritura del autor imitado. En efecto, podemos leer en Eugénie Grandet: <<había encargado para salir al encuentro de su Anita, la gran señora que... etc.>> (pág. 45), término expeditivo en que sesubrayan los sobreentendidos y que fue un recurso muy utilizado por otro gran autor, Stendhal.

Nuestro comentario final hace referencia inevitablemete al aprecio que podemos conservar por la obra de Balzac. Lo cierto es que el autor soporta bien el pastiche; el mérito de Balzac no es el estilo, es la emoción de vida que contienen sus novelas, cómo se respira en ellas lo que está ocurriendo en París y cóo nos llega a través del temperamento vitalista de su autor. Proust es, por supuesto, quien debe responder a la pregunta de si <<se puede amar a Balzac>>, después de un pastiche que tiene algo de vapuleo. Pero es el <<vapuleo>> de un crítico que es también un discípulo.

Les autres romanciers on les aime en se soumettant à eux (...) Balza, on sait toutes ses vulgarités, elles vous ont souvent rebutté; puis on commence à l’aimer, alors on sourit à toutes ces naïvetés qui sont si bien lui-même; on l’aime avec un tout petit d’ironie qui se mêle à la tendresse; on connaît ses traveers, ses petitesses, et on les aime parce qu’elles le caracterisent fortement. (pág. 272, Gallimard, Pléiade) No puedo sino suscribir sus palabras.


ÍNDICE DE CITAS DE NOVELAS DE BALZAC


Gramaticalmente, sin duda el rasgo más característico, que por acumulación en la frase o en el párrafo se va cargando de comicidad, es la construcción del artículo con demostrativo: une de ces, un de ces, que parecen propiciar una relación de comicidad entre el lector y Balzac, o una similitud de experiencias.

<<Una cara semejante anunciaba esa astucia peligrosa, esa fría probidad y ese egoísmo de un hombre acostumbrado a concentrar sus sentimientos en el placer de la avaricia y el único ser que realmente significaba algo para él.>> (Eugénie Grandet, pág. 21.)

<<una de esas miradas de provincias, donde las mujeres miran con tanta reserva y prudencia, que llegan a comunicar a sus ojos esa golosa concupiscencia propia de los eclesiásticos, para quienes todo placer es un robo o una falta.>> (ídem., pág. 51)

<<Los diplomáticos pertenecen a algunas de esas tres clases de mamíferos...>> (Los decadentes, pág. 113).

Cette jeune personne était alord debout (...) permettant au regard moqueur de la marquise d’Espard d’embrasser la taille sèche et mince de Clotilde qui rassemblait parfaitement à une asperge. Le corsage de la pauvre fille était si plat qu’il n’admettait pas les ressources coloniales de ce que les modistes appellent des fichus menteurs. Aussi Clotilde, qui se savait des suffisants avantages dans son nom...

...enfin, tout ce qu’on a nommé si justement le je ne sais quoi, (...) et qui signalait en elle une fille de bonne maison. (Splendeurs et misères des courtisanes, pág. 112-113).

Hipérboles

<<Eugenia había tenido más ideas en un cuarto de hora que en todos los días de su vida>> (Eugénie Grandet, pág. 50)

<<los tesoros de su piedad, que es una de las sublimes superioridades de la mujer, la única que ella desea hacer sentir, la única en que ella se reconoce a un nivel superior al hombre.>> (Eugénie Grandet, pág. 103).

<<Pasa el policía por las mismas emociones que el cazador, pero mientras que el uno pone en juego las fuerzas físicas y mentales para tirarle una liebre, una perdiz o un rebeco, trata el otro, con eso de salvar al Estado o al príncipe y hacer méritos para una buena gratificación. De modo, pues, que la caza del hombre es superior a la otra.>> (Un asunto tenebroso, pág. 111).

<<Del mismo modo que un naturalista coge el más magnífico de los lepidópteros y lo clava sobre el algodón con una aguja, la señora de Maufrigneuse había quitado el amor de su corazón...>> (Los decadentes, pág. 119)

<<Diana lanzaba tres dardos en cada palabra: humillaba, ofendía, hería ella sola, delmismo modo que diez salvajes saben herir cuando quieren hacer sufrir a su enemigo, atado a un poste.>> (ídem., pág. 126)

<<Las miradas estaban cargadas como las pistolas, y el menor chispazo podía hacer brotar una disputa.>> (Ilusiones perdidas, pág. 433).

Quand on est voleur et qu’on est aimé pour une honnête femme, ou elle devient voleuse, ou l’on devient honnête homme. (Splendeurs et misères..., pág. 129)

Alusiones pictóricas, o a cualquier otro tipo de arte

<<hizo surgir en el corazón de Eugenia las emociones de suave voluptuosidad que causan a un joven fantásticas figuras de mujeres dibujadas por Westall en los álbumes ingleses, grabadas a buril por Finden.>> (Eugénie Grandet, pág. 48).

<<David Sichar, este buey valiente e inteligente, como el que los pintores dan por compañero al evangelista...>> (Ilusiones perdidas, pág. 477)

(alusión literaria): <<Eugenia no tardó en convertirse para él en el ideal de la Margarita de Goethe, pero sin haber cometido la falta.>> (ídem. pág. 138)

<<como uno de esos ángeles que atraviesan las viñetas de Lamartine>> (Los decadentes, pág. 134).

<<Una de las glorias de Molière es...>> (ídem., pág. 118)

(alusión a la música): <<Si hay algo que puede probar el inmenso poder de la Música, ¿no es esa sublime traducción del desorden, de las penurias que nacen de una vida exclusivamente voluptuosa, esa aterradora descripción de la resolución de jugar con las deudas, con los duelos, con los engaños? Mozart es, en tal fragmento, el afortunado rival de Molière.>> (ídem., pág. 115)

París, ciudad criminal, centro del mundo (un tema que incluye varios motivos, aquí la hipérbole):

<<Carlos era un hijo de París, habituado por las costumbres de París y por Anita misma a calcularlo todo. Era un viejo con apariencias de joven y había recibido la espantosa educación de ese mundo en que se cometen en una noche, de pensamiento y de palabra, más crímenes que los que castiga en un año el Tribunal de una Audiencia. (Eugénie Grandet, pág. 125)

Cotenson était un homme, un homme parisien. À son aspect, vous eussiez déviné de prime bord que le Figaro de Beaumarchais, le Mascarille de Molière, les Frontin de Marivaux, et les Lafleur de Daucourt (Splendeur et misères..., pág. 126).

París versus la provincia

Du Crossier había calculado su venganza como las gentes de provincia lo calculan todo. Nadie mejor en el mundo que los campesinos y los provincianos para estudiar a fondo sus asuntos en todos los sentidos. (Los decadentes, pág. 113)

<<... en provincias, donde se agitan las ambiciones judiciales, ven París como meta, aspiran a brillar en ese vasto teatro donde se tratan las grandes causas polémicas...>> (ídem., pág. 154)

Sentencias que van de lo divino a lo humano, la historia, los grandes hombres (con entonación enfática):


¡Espantosa condición humana! No hay dicha que no se funde en la ignorancia (Eugénie Grandet, pág. 41)

<<La miseria engendra la igualdad. La mujer tiene una cosa en común con los ángeles, y es que los desgraciados le pertenecen>> (ídem., pág. 106).

<<Un escritor toca tantas llagas al convertirse en analista de su tiempo...>> (primera página de Los decadentes).

<<...para ocultar la verdad bajo un cúmulo de inverosimilitud y de cosas absurdas; pero, haga lo que haga, ésta asomará siempre, al igual que una vid mal arrancada vuelve a crecer con vigorosos brotes a través de un viñedo arado.>>

<<Nada de esas dudas que Richelieu no confiaba más que al padre José, que Napoléon ocultó a todo el mundo>> (Los decadentes, pág. 119)

<<Aquella frase: “Ya os seguiré”, fue dicha como la hubiese declamado en esa época la Mars (gran actriz dramática de la época) para hacer estremecer a dos mil espectadores.>> (ídem., pág. 119)

Lo sublime

<<Hay corazones sublimes a los cuales la gratitud parece un pago enorme y que prefieren la dulece igualdad de sentimiento que dan la armonía delos pensamientos y la fusión voluntaria de las almas.>> (Los decadentes, pág. 19)

La ciencia

<<Entre las diversas facultades que los fisiólogos han observado en las mujeres, hay una que tiene un no sé qué de terrible...>>
<<... la lucha de dos seres que Buffon no reconocía existentes más que en el hombre>> (Los decadentes, pág. 117).

Nómina de personajes ilustres reunidos

en Ilusiones perdidas: <<... y luego a cenar en casa de la señora Val-Noble, en donde Lucien encontró a Rastignac, Bixieu, Des Lupeauls, Finot, Blondet, Bignon, el barón de Nucingen, Beaudenord, Philippe Bridau, Conti, el gran músico, y a todo el mundo del arte de los espectáculos...>> (pág. 364).

<<A casa de la señorita Des Touches, quien daba una gran fiesta en donde debía encontrar a Des Lupeaulx, Vignon, Blondet, la señora de Espard y la señora de Bargeton.>> (pág. 448)

etc., etc.,



BIBLIOGRAFÍA

Pastiches et mélanges, Gallimard, París, 1947.
Contre Sainte-Beuve, précédé par Pastiches et mélanges, et suivi de Essais et articles, ed. de Y. Sandre y P. Clarac, Gallimard, París, 1971.

Sobre Proust / Balzac

BERSANI, J. (Ed.), Les critiques de notre temps et Proust, Garnier, París, 1971.
GENETTE, G., Palimpsestos, La literatura en segundo grado, Taurus, Madrid, 1989.
PAINTER, G.D., Marcel Proust, biografía, Lumen, Barcelona, 1992.
REVEL, J.F., <<Proust contre les snobs>>, en Proust, Garnier, París, 1971.
STRAUSS, W. A., Proust and Literature. The Novelist as Critic, Harvard University Press, 1957.

Obras de Balzac consultadas

Eugenia Grandet, Espasa-Calpe, Madrid, 1968.
Los decadentes (traducción española de Le cabinet des Antiques), Edisven, Barcelona, 1968.
Ilusiones perdidas, ed. de Carlos Pujol, Bruguera, Barcelona, 1980.
Un asunto tenebroso, Bruguera, Barcelona, 1981.
Splendeurs et misères des courtisanes, ed. M. Ménard y A. Adam, Garnier, París, 1987.

Arriba