final
Las
palmeras de Ocean Drive se mecían suavemente con la brisa del
anochecer que se colaba por las ventanillas abiertas del Jaguar. La
brisa parecía una agradable bienvenida teniendo en cuenta que
la última vez que visité Miami una zona de Florida acababa
de ser devastada por un tornado. Que el tornado en cuestión
llevara el nombre de un tal Hugo y que ese tal Hugo fuese el nombre
del último novio de mi amiga Ana, por el que ella había
dejado Barcelona, inspiró algunos chistes, como <no hay
manera de escapar de Hugo> o <por donde pasa Hugo no queda nada
vivo>. Desde esa primera visita había llovido mucho, y no
es una simple manera de hablar.
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Versace
House - Ocean Drive
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