SEMBLANZA
<<Pues
que decirse ha primero la cibdad, patria y linaje, ventura, desgracia
y fortuna, su modo, manera y conversación, su trato, plática
y fin...>> *
Vale
decir que María José Furió Sancho / Líu
nació en Valencia, España aún, en el año
de gracia de 1962, bajo el signo de Piscis, con la Luna en Leo (fortuna),
de ascendente Virgo (desgracia), el mismo día
que Argelia recibía de manos de De Gaulle su independencia y
a la misma hora de las 17.30 h en que Valencia entera explotaba con
su mascletá.
Vino precedida en diez minutos por su hermana gemela, Emilia Juana
María, que se arrogó en esta única ocasión
la tarea pionera de explorar el mundo. Que recibió en buena compañía
las católicas aguas bautismales en primavera, siendo su madrina
su tía Fina Furió, la cual orgullosa reclamó tal
honor y el de imponer su patronímico desde el mismísimo
instante en que, en medio del susto general y del silencio abochornado
de la ciencia obstetricia, tan en pañales como las que venían,
se descubrió que no se alumbraba ni monstruo ni gigante sino
dos ejemplares de rasgos tan vagamente achinados como el resto del linaje
Furió-Líu.
Era éste de origen campesino, como acredita el Sancho del final,
pero donoso y de amplitud de miras a fuer de manifiestas veleidades
cosmopolitas, cual quedaron probadas cuando Joaquín Furió
Líu declinó educar a sus vástagos en valencià
por ser más señor hacerlo en castellano. Elección
a la que su nieta se atuvo y corroboraría andando los años
con una licenciatura sobresaliente en Literaturas Hispánicas.
Fue
padrino de la criatura el cónsul de Venezuela en París,
caballero de mediana altura y edad, dicharachero y play-boy, de innata
facundia y amigo del buen dispendio de las finanzas con que las arcas
de su país gratificaban sus servicios, cúyas andanzas
por París y la Provenza se medio cuentan en otro lugar,
cúya es la carta que desde la mítica Ciudad
de la Luz deseaba mil parabienes a su inesperada ahijada, y que
ésta bien lo agradeció no sólo aprendiendo francés
tan pronto pudo --chapurreándolo ya desde los ocho años,
y siendo su primera palabra en el idioma de Stendhal y Françoise
Hardy la que evocaba el inestable clima que abruma a la maravillosa
capital: la pluie--,
sino prendándose siempre y sin remedio de varones dicharacheros,
veletas, galanes de noche y
dondiegos, yendo asimismo a
disfrutar y morir por los más acabados y exóticos
frutos del hispánico mundo allende el atlántico océano.
Todo lo cual espera sea un día, como merece, retribuido por las
arcas... de Venezuela.
Su
novelesca vida ha sido más de dos veces objeto de correveidiles
de vario pelaje, que no han vacilado en urdir patrañas de
dudosa enjundia y ninguna erudición pero tan recalcitrantes que
vióse forzada a recontar ésta su varia vida en fábula
mucho más sabia con algún apetito de quimera.
Y buscar amparo a sus cuitas, oreja para sus desdichas y remedio inmediato
a su malhadado ego en muy escogidos, egocéntricos y joviales
amigos.